entrevista

Martín Mercado
"Hay que vivir enamorados de algo"


Por Majo Acosta
Foto Mariana Roveda

Protagonista indiscutido de la creatividad argentina, Martin es un hombre de ideas profundas y palabras justas. Un distinto que huye de los micrófonos y por el que vale la pena insistir... porque todos merecemos escuchar un poco de Martín en estos tiempos infaustos.

¿Cómo se le habla a la gente en un momento así?
A la gente hay que hablarle ubicados en tiempo y espacio, y a la vez dejándo entrever que otros tiempos y otros espacios son posibles. Lo primero para que sepan que la marca tiene sentido de la realidad. Y lo segundo, un poco por el mismo motivo.

¿Qué te hace feliz de lo que hacés?
Me hace feliz estar en la cocina, cocinando con gente a la que le gusta cocinar y a la que adoro. Y, como máximo, espiar la cara del que prueba el plato. Todo lo demás nunca me entusiasmó demasiado, y esa sensación fue profundizándose cada vez más con el tiempo.

¿Qué nos dejó de bueno y de malo la pandemia y el encierro?
Pienso que tanto en lo bueno como en lo malo fue reveladora. Descubrimos a cuántos aislamientos no obligatorios y a cuantos encierros no deseados estábamos expuestos más allá de la pandemia. Y necesitamos literalizar el encierro para reparar en ellas o para que se manifiesten. Por eso creo que fue reveladora. Después, si fue transformadora o no, y si para bien o para mal, depende mucho de cada uno en lo particular. Por otro lado está el temor a que le pase algo a la gente que amamos y a nosotros mismos. Todos sabemos de la finitud, pero como dice un señor que relata boxeo, no es lo mismo llamar al león que verlo venir.

¿Cambió la relación entre las marcas y la gente?
Lo que cambió es que hoy esa relación es entendida como una relación entre la gente y la gente. Antes se concebía a las marcas carentes de factor humano. Hoy se trata de una conversación (que tiene que ver con las redes pero que es mucho más profundo que eso). Por lo tanto, más allá de enojos o de experiencias satisfactorias o insatisfactorias, hoy esa relación es mucho más auténtica y mucho más genuina.

Hay es llamativo cómo en una profesión donde el pensar tiene que ocupar el centro de la cuestión, una cantidad de factores puestos supuestamente en función de eso terminan conspirando contra el pensamiento. Y siempre me recuerda eso al sillón que quieren venderte y dice "no sentarse".

Siempre dijiste que era importante tener espacios para pensar, ¿los tenés? ¿ o estamos todos apurados por ver resultados?
Así como una marca no compite solo con su categoría, el tiempo para pensar compite en nuestras cabezas contra un montón de cosas (y cada vez más) que exceden nuestro área de laburo. Pero bueno, aunque sea a los codazos, una idea siempre se las arregla para abrirse camino entre todo lo que nos ocupa la cabeza. Sigo pensando que es llamativo cómo en una profesión donde el pensar tiene que ocupar el centro de la cuestión, una cantidad de factores puestos supuestamente en función de eso terminan conspirando contra el pensamiento. Y siempre me recuerda eso al sillón que quieren venderte y dice "no sentarse".

Creo que cuando la persona es joven prioriza lo que quiere hacer, y cuando es grande lo que no quiere hacer. Últimamente estoy bastante entusiasmado con no hacer un montón de cosas, y eso de alguna manera da el lugar a las que sí.

¿Qué no hiciste aún que tenés ganas de hacer?
Creo que cuando la persona es joven prioriza lo que quiere hacer, y cuando es grande lo que no quiere hacer. Últimamente estoy bastante entusiasmado con no hacer un montón de cosas, y eso de alguna manera da el lugar a las que sí. Así como el tiempo no es algo lineal y para hacer algo que lleva dos horas, dos horas pueden ser insuficientes, podemos pasarnos un tiempo largo de nuestras vidas girando en falso en lugares, en relaciones o en situaciones. De todas formas, siempre es más fácil empujar o inspirar al otro a que haga algo que a uno mismo. Yo para hacerlo suelo decirle a los más jóvenes, y especialmente a los que no lo son tanto, que Pemberton inventó la Coca-Cola a los 54 años. Creo que es inspirador para cualquiera saber que a esa edad todavía puede inventar su Coca-Cola (para seguir siendo inspirador, evito contarles que después vino una guerra de intereses en la que no la pasó nada bien). Volviendo a las ganas, el otro día intenté resumir en una frase mi idea de cómo transitar esto, y puede ser sosa o a lo mejor a alguien le sirve: "Hay que vivir enamorados de algo".

¿Tenés ganas de hacer otra cosa que no sea publicidad?
Además del libro, la película y otras cosas que mucha gente que te quiere te dice que hagas, disfruto mucho escribir sin pauta. A veces uno escribe para otro, pero a veces ese otro somos nosotros mismos que necesitamos leernos. También me gusta la ambientación de los espacios, pero no desde lo académico porque soy respetuoso de quienes estudiaron, sino más bien desde el poder explorar.

Creo que los hijos nos dan un coraje que no sabíamos que teníamos. Todo lo cobarde que puedo ser por mí es lo valiente que puedo ser por Simón. Todo lo que no te animás a hacer por vos lo hacés por un hijo.

¿Cuánto te cambió la paternidad la manera de trabajar? ¿Te dio más herramientas?
Apoyarse un bebé en el pecho debe ser la sensación más poderosa del universo. Creo que funciona como un cargador de batería inagotable. Y más allá de lo hermoso que puede significar ser madre o padre y de todos los insights que pueden aparecer en nuestras vidas (y que tranquilamente una persona que decide no tener hijos también los puede interpretar, como no hace falta ser médico, bombero o abuelo para comunicar al respecto), creo que los hijos nos dan un coraje que no sabíamos que teníamos. Todo lo cobarde que puedo ser por mí es lo valiente que puedo ser por Simón. Todo lo que no te animás a hacer por vos lo hacés por un hijo. Y eso te hace tomar decisiones incluso en lo laboral que a lo mejor no hubieses tomado. Para hacer honor al final de la pregunta, son como herramientas que estaban en la caja, pero que a lo mejor a partir de la llegada de los hijos te animaste a usarlas.

Anuncian en la edición #152