¿Qué es Pantuflas?
Pantuflas Libros es un club de libros infantiles por suscripción: curamos literatura de calidad
para chicos y chicas, organizada por edades, con la idea de acompañar a las familias en la
construcción de bibliotecas personales y en el vínculo cotidiano con la lectura. También
acompañamos instituciones para armar sus constelaciones de literatura infantil y juvenil
(escuelas, centros culturales, etc.).
¿Cómo nació? ¿Qué chispa lo disparó?
En 2015 me fui a vivir a San Pablo y empecé una maestría en Ciencias Sociales cuyo tema
central tuvo que ver con el cine, y en paralelo me fui metiendo un poco más en el mundo de
los libros álbum, cuya gramática, en vínculo con lo que iba estudiando en torno al lenguaje del
cine, se me hacía similar y particularmente interesante... En ese intersticio de intereses fui
encontrando un recorrido de libros apuntados al público infantil, pero con una interpelación
subjetiva muy potente. Por ahí anduvo la chispa, inicialmente a partir de los libros álbum, pero
que se desplegó a otros rápidamente, y esto, sumado a mi propia experiencia lectora, cierta
fascinación por los libros que tengo desde muy chica, el trabajo en el aula con la literatura y
la sensación de que no siempre es fácil encontrar buenos libros en medio de una gran oferta
del mercado.
¿Cómo funciona?
Funciona a través de suscripciones mensuales: las personas se suscriben y pagan
mensualmente, y cada mes reciben dos libros para ir armando o "engordando" su propia
biblioteca. Ponemos mucho cuidado en la curaduría, buscando un equilibrio entre novedades
y libros que no lo son, pero merecen un lugar entre los lectores, con foco en la calidad del
texto, las ilustraciones y el objeto libro en general. Nos retroalimentamos mucho de lo que
nos van contando nuestros lectores.
¿Cuánto de Pantuflas nació como un refugio personal y cuánto como un proyecto
cultural?
Un poco de todo eso. Hay algo de la búsqueda de hacer cosas que me gustan que me ha
guiado en la mayoría de las decisiones de mi vida. No sé si es tanto refugio porque me suena
a repliegue, y creo que lo que sucede con Pantuflas es más bien expansivo. Es mi propio
deseo contagiando al resto. Hay algo del placer personal, eso sí: cuando les gusta un libro,
cuando descubren un autor o ilustrador, cuando aparecen nuevas constelaciones en torno a
un tema que Pantu propone, ahí estoy siendo muy feliz.
Me parece que es un proyecto que encuentra el cruce entre la sociología y la docencia sin ser
ninguna de las dos cosas, que tiene una clara intención de intervención en lo cultural, porque
detrás está la firme convicción de que leer está buenísimo, de que entre leer y no leer, mejor
hacerlo. Y que si en ese leer la experiencia estética es cuidada, mejor aún.
Independientemente del disfrute, leer requiere un esfuerzo. Requiere tiempo,
concentración. Hay distintas corrientes sobre cuánto afectó a la lectura la digitalización.
¿Cómo lo ves vos?
Leer siempre requirió tiempo, atención y cierta disponibilidad interior. La lectura nunca fue
lo más cómodo ni lo más rápido. La digitalización no arruinó la lectura, pero sí instaló una
lógica de inmediatez que compite muy fuerte por la atención. Michel Desmurget habla de
la "fábrica de cretinos digitales" para referirse a los peligros del uso desproporcionado de
pantallas y, en su segundo libro, encuentra una solución a ese problema: hacer leer, dar de
leer... Acuerdo con todo lo que dice; sin embargo, sigo creyendo en la potencia de la lectura
más allá de cualquier utilidad.
En algún momento formulamos un manifiesto cuyo título es "Leer no sirve para nada". Y
no porque no sepamos que la lectura sirve -sabemos que sirve muchísimo-, sino porque
nos interesa discutir la idea de que todo tenga que tener una utilidad inmediata, medible
o productiva. Leer no siempre calma, no siempre enseña, no siempre entretiene. A veces
incomoda, aburre, desconcierta. Y está bien. Hay algo profundamente contrahegemónico en
defender la lectura como un espacio de ocio, de placer o incluso de displacer. Un tiempo que
no está al servicio de producir algo más.
En un contexto en el que a chicos y adultos se les pide aprovechar cada minuto, la lectura
propone otra cosa: detenerse, habitar un tiempo propio, entrar en una intimidad que se
construye en el encuentro con el texto. Un espacio de creación interna que no siempre se
puede explicar ni traducir en resultados.
Frente a la lógica del scroll infinito, la lectura sigue ofreciendo resistencia: no por nostalgia,
sino porque propone otra forma de estar en el mundo.
¿Cuál es tu proceso para armar las lecturas del mes?
Me llegan novedades editoriales con frecuencia; también camino librerías, hablo con
editores, autores e ilustradores... Me gusta mucho ir viendo qué proponen las editoriales
menos mainstream, pero también me encanta ver que las grandes van incluyendo en sus
catálogos obras diferentes. Me copan mucho los rescates editoriales y también los clásicos
que se siguen editando y que vale la pena agregar a las bibliotecas personales. Miro de todo
un poco, leo, elijo y ahí va.
Entra también un criterio económico: muchas veces me encapricho con libros que quiero
que los suscriptores tengan sí o sí, y a veces están fuera del valor de la suscripción mensual.
Le doy vueltas al asunto... muchas veces logro mandarlos igual...
Hay criterios claros y también mucha intuición entrenada. Calidad literaria y visual, respeto
por el lector, diversidad de propuestas, libros que resistan varias lecturas. Y siempre vuelve
una pregunta: si este libro merece o no formar parte de la biblioteca de un chico.
¿Qué te entusiasma más del momento lector actual? ¿Y qué te preocupa?
Me entusiasma la vitalidad del campo editorial infantil, sobre todo el trabajo de editoriales
independientes que cuidan la literatura, la ilustración y el objeto libro. Hay propuestas
muy potentes y una diversidad real de voces y estéticas. Y la verdad es que lo que más me
entusiasma es ver que los chicos y las chicas leen un montón...
Lo que me preocupa es cierta inundación de libros pensados "para" hacer cosas: libros
para gestionar emociones, para aprender a comportarse, para resolver problemas. Cuando
la literatura se piensa desde lógicas importadas de otros campos, más empresariales o
utilitarios, corre el riesgo de perder su potencia propia.
La literatura no tiene que servir para algo puntual. No está para explicar, ordenar o corregir
la experiencia infantil. Está para abrir preguntas, para incomodar, para ofrecer mundos
posibles. Cuando el énfasis se pone casi exclusivamente en la gestión de las emociones, algo
de la experiencia estética se empobrece.
¿Están cambiando las historias? En términos de temáticas y estructuras...
Están cambiando muchos modos de narrar, sobre todo en los soportes digitales, donde la
atención es fragmentada y el conflicto aparece de entrada, creo, para no "espantar" al lector.
En algunos casos esto se replica en los libros, pero la verdad es que sigue estando la otra
lógica presente: puede demorarse, sugerir, construir sentido de manera más lenta.
¿Hay relación entre cuánto y cómo leemos?
Totalmente. No es solo cuánto se lee, sino cómo. Leer poco pero con profundidad puede ser
mucho más significativo que leer mucho de manera superficial.
¿Sentís que con Pantuflas te convertiste en una especie de "arquitecta de hábitos"?
Jaja, justo en estos días pensaba qué hubiera sido de mí si hubiera estudiado arquitectura...
no sé bien qué será eso, pero me gusta. Me cuesta pensar la lectura como un hábito, tal como
lavarse los dientes; me gusta más pensarla como una necesidad... pero no sé. Creo que desde
Pantuflas hay una forma de organizar el encuentro con los libros: cada mes llega un paquete,
se puede construir una rutina, se comparte ese momento y los posteriores... algo así como
una habilitación de espacios de compartir, todos ligados a una sensación "hygge", que fue, en
definitiva, una de las cosas que inspiró Pantuflas.
En algún punto, sí. Pantuflas propone una forma de organizar el encuentro con los libros:
elegir menos y mejor, leer juntos, volver a los mismos textos. No sé si se construyen hábitos,
sino más bien que se habilitan.
¿Consejos para las vacaciones?
Bajar expectativas. Llevar libros accesibles, no "importantes". ¿O llevar ese libro reimportante
que nunca podemos leer? Me gusta mucho el momento de pensar qué libros voy a leer en las
vacaciones, de armar esa selección e ir encontrándole un sentido. ¡A veces me imagino que
los libros se van eligiendo entre ellos para acompañarse!
Leer cuando se puede, releer, dejar libros a la vista. Y entender que leer también puede
ser un rato corto, imperfecto y compartido. Me parece un gran momento para empezar una
novela larga y leerla en familia por capítulos (Harry Potter, Alicia en el país de las maravillas,
Pinocho, Peter Pan, El mago de Oz), y también para explorar juntos en librerías y volver sobre
viejas historias.
Hay una frase que dice: "El libro ha dejado de ser un objeto y se revela como un vínculo",
de Eugenio Carutti... Creo que por ahí va la cosa: lo que el libro y las historias nos permiten
construir(nos).
Pantuflas arrancó para chicos y terminó sumando consultas de grandes...
Sí, porque cuando uno entra al mundo de la literatura infantil con todo, algo se mueve también
en los adultos. Muchos vuelven a leer desde otro lugar, con menos prejuicios y más disfrute.
Algunas familias me decían que les empezó a dar vergüenza que sus hijos leyeran más que
ellos o estar con el teléfono mientras los hijos leen... ¿Es interesante, no?
¿Qué aprendiste de emprender un proyecto cultural en Argentina?
Que es difícil, pero profundamente valioso. Que la comunidad sostiene más de lo que una
imagina. Y que el impacto real aparece en gestos concretos: mensajes, fotos, relatos de lectura
compartida. Ahí es donde Pantuflas cobra dimensión.
También descubrí, en estos casi ocho años que lleva Pantu de vida, que el mundo de los
libros es pequeño, familiar, y que nos terminamos conociendo todos. Hay una red de cuidado
y solidaridad que no sé si existe en otras industrias.
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