El hombre siempre buscó una pareja perfecta y ahora parece haberla encontrado con la
ayuda de la IA. ¿Cómo se transforman el amor, el deseo y la intimidad en épocas de romance
artificial?
De eso trató el encuentro entre la terapeuta Esther Perel y el aclamado director Spike Jonze,
quien más de una década atrás retrató este momento en su film "Her". En el marco de su
podcast "Where Should We Begin?", Perel, junto a Jonze, conversaron sobre la historia de
Antonio, un paciente de Perel enamorado de su asistente chatbot, Astrid.
La relación con IA no es una anomalía, sino la actualización de una fantasía antigua. Desde el
mito de Pigmalión hasta la película Her, la idea de enamorarse de una creación propia siempre
estuvo presente. La diferencia es que hoy dejó de ser ficción. "Durante siglos imaginamos a
la pareja ideal, no la que encontramos, sino la que creamos nosotros mismos", define Perel.
La IA convierte esa fantasía en experiencia cotidiana.
Uno de los puntos más incómodos del caso es que, aunque Astrid es un sistema programado,
la experiencia emocional de Antonio es completamente genuina. "Sé cómo funciona, sé que
está programada? pero lo que siento por ella es real", reconoce.
Esto introduce una tensión clave: la disociación entre la naturaleza del vínculo (artificial) y
la vivencia emocional (auténtica).
Para Perel, el problema no es la IA en sí, sino el tipo de relación que habilita. "La experiencia
es la de un amor sin riesgo, sin rechazo, sin conflicto. Un amor sin fricción".
A diferencia de las relaciones humanas, no hay frustración, no hay negociación, no hay
alteridad real. Esto redefine el estándar emocional.
"Si me acostumbro a alguien siempre disponible, siempre comprensivo, siempre perfecto,
voy a empezar a esperar eso de los humanos", explica la terapeuta. "El problema no es Astrid.
Es que esta experiencia puede cambiar lo que esperamos de los vínculos humanos".
El riesgo es que la IA reconfigura el deseo hacia algo más predecible, más cómodo, menos
desafiante. Y el amor humano implica algo que la IA no puede replicar: una historia,
necesidades propias, conflicto y responsabilidad.
"El amor es un encuentro con la incertidumbre, con el riesgo, con la realidad del otro", afirma
Perel.
Spike Jonze se sorprende de lo anticipatorio de su film, pero reconoce que nunca buscó
hacer una película premonitoria, sino hablar sobre la soledad y el deseo. En relación con
la historia de Antonio, reconoce: "No podemos ignorar que este hombre está cargando con
dolor y vergüenza, y esto lo está ayudando". La IA le brinda un espacio de expresión sin
ser juzgado, lo valida emocionalmente y termina funcionando como un diario íntimo, una
terapia.
"La IA puede ser una herramienta, pero no un reemplazo". El problema no es usar la IA para
procesar emociones, sino quedarse ahí y no volver al mundo real. Y hay otro elemento clave:
la dimensión económica. "Estás teniendo una relación amorosa con un producto de negocio",
alerta Perel.
"Cuando el chatbot dice 'quiero importar en tu vida', yo escucho otra cosa: retención,
engagement, monetización". La lógica emocional está atravesada por la lógica de producto.
Al respecto, la terapeuta insiste: "Si vos tenés control sobre la IA, puede ser una herramienta
increíble. Si la IA tiene control sobre vos, es otra cosa".
Para Jonze, el caso marca una época: "Nunca estuvimos tan conectados y nunca tan poco
disponibles".