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Curaduría de charlas


Curaduría de charlas

Por Marta González Muguruza & Majo Acosta
Desde Austin, Texas


Estando en Austin escuchamos distintas ideas, posturas, reclamos y propuestas. De Steven Spielberg a Aza Raskin, pasando por líderes de marketing, futuristas y creadores. Aquí compartimos algunas de las tensiones que atraviesan la época: el fin del internet que conocíamos, el impacto cognitivo de la IA, la redefinición del amor, el rol de las marcas y el futuro del trabajo. Un mapa de ideas para entender qué cambia y qué está en juego en esta nueva era.

Steven Spielberg
"Todas mis películas nacieron de mis pesadillas"

La excusa fue la presentación de Disclosure Day, su nueva película que se estrena el 12 de junio. Cincuenta años después de Encuentros cercanos del tercer tipo, el gran Spielberg vuelve a meterse con los aliens. "No tengo ninguna información privilegiada, no sé nada más que ustedes, pero tengo la sospecha de que no estamos solos en la Tierra", disparó.

Lo cierto es que Spielberg regaló una hora llena de conceptos, recuerdos y sabiduría. El director asegura que lo peor que hicieron sus padres fue llevarlo a ver Fantasía, de Disney. Salió aterrado y afectado para siempre: "Todas mis películas nacieron de mis pesadillas. Cuando tengo miedo trato de crear un talismán para protegerme y exorcizar los demonios. El cine es una gran vía para hacerlo".

Su proceso creativo depende del proyecto. Si la película tiene efectos especiales todo tiene que estar bajado al storyboard pero de lo contrario, nada está planeado hasta llegar al set. "El único plan es contar la historia lo mejor posible y en colaboración con el equipo técnico y sobre todo, los actores. Estoy convencido que el set es un mundo de posibilidades listas para ser descubiertas y para eso, la intuición es tu mejor amiga".

El amor por el cine lo acompaña desde pequeño y va más allá del hacer. La ceremonia de ver un film en una sala es incomparable con cualquier experiencia individual. "Hay una conexión con la comunidad que de otra manera no existe. Es una experiencia real, vital y sensorial".

En la era de las pantallas múltiples y plataformas hipercompetitivas, Spielberg renueva su esperanza con cada film. "Intento hacer cosas que inciten a la gente a salir de su casa e ir al cine a compartir". Sin embargo, aparentemente sus mejores historias nunca llegaron a la pantalla grande. Desde hace años que la vida familiar desplazó al cine en sus prioridades. Como padre de siete hijos, parte de la rutina diaria era inventarles un cuento cada noche, a cada uno.

Spielberg afirmó no usar IA en sus películas, ni se imagina haciéndolo. Cuando necesita inspiración ve Lawrence de Arabia y si tuviera que mostrarle una película propia a los aliens, definitivamente sería ET.

¿Pendientes en su filmografía? "¡Un western! Siempre quise hacer una de vaqueros. No puedo adelantar nada pero en mi próximo proyecto hay pistolas y sombreros...", deslizó el maestro.

Internet después del search
El fin del modelo que conocíamos

En SXSW, Matthew Prince, CEO de Cloudflare, compañía referente en tráfico y seguridad de Internet, brindó una entrevista en la que compartió varias definiciones muy esclarecedoras sobre el internet que viene. Para Prince, el cambio que trae la inteligencia artificial no es una mejora incremental del ecosistema digital, sino un cambio de plataforma.

No se trata sólo de una nueva herramienta. Y, como en cada cambio de plataforma, de la web a "social", de "social" al "mobile", lo que está en juego no es solo la tecnología, sino el modelo económico, el comportamiento de los usuarios y el lugar que ocupan las marcas, los medios y los negocios en ese sistema. Estamos entrando en un internet donde la experiencia ya no se diseña para personas, sino para sistemas que actúan en su nombre.

De humanos a agentes

Durante décadas, el diseño de internet fue esencialmente humano. Las interfaces, los sitios, los flujos de navegación, todo estaba pensado para personas que buscaban, comparaban, elegían. Ese supuesto está empezando a romperse. Hoy, una parte creciente del tráfico ya no es humano, sino automatizado: bots, crawlers, agentes. Nombres distintos para una misma realidad: software que navega, consume y decide. El dato: si hace unos años el tráfico de bots representaba cerca del 20% de internet, la proyección es que en 2027 supere al tráfico humano.

Un usuario que busca comprar una cámara puede visitar cinco sitios. Un agente, en cambio, puede recorrer miles, comparar precios, chequear stock, analizar reviews y verificar proveedores, todo en segundos. "Internet deja de ser un espacio de exploración para convertirse en un sistema de ejecución".

¿Qué hacemos con la publicidad?

El modelo actual es simple: el contenido genera tráfico, el tráfico se monetiza con publicidad o suscripciones. Pero ese esquema empieza a desmoronarse. Prince lo dice sin dudar: los agentes no hacen clic en anuncios. No "navegan" en el sentido tradicional. No generan impresiones ni engagement medible. El valor se desplaza. Ya no está en el sitio. Está en la interfaz que sintetiza la información. Los usuarios ya no necesitan entrar a un sitio para obtener una respuesta. Confían en la síntesis que les trae la IA.

Como consecuencia, la relación entre quien produce contenido y quien captura el valor se rompe. Detrás de esta incertidumbre hay una transformación más profunda: la desintermediación. "Los agentes no necesitan marcas como atajo de confianza. Pueden verificar calidad, comparar precios y acceder directamente al origen. La marca, tal como la entendíamos, pierde parte de su función. El consumidor deja de elegir activamente, delega, y en esa delegación, la lealtad se diluye."

Durante décadas, el marketing trabajó sobre decisiones humanas: percepciones, emociones, hábitos, sesgos. Pero si la decisión la toma un agente, ¿cómo evoluciona el mundo del marketing? El bot no tiene afinidad emocional. No le importa la cercanía, la historia o la experiencia previa. Optimiza. Busca mejor precio, mejor calidad, mejor resultado. Eso redefine completamente el terreno competitivo.

Prince plantea un escenario extremo, casi provocador: un mundo donde unas pocas categorías concentran la actividad económica: quién produce, quién financia, quién distribuye, quién controla la infraestructura y la IA. La pregunta entonces es: ¿Cómo será el nuevo modelo de negocio de internet? ¿Quién captura el valor? ¿Cómo se remunera el contenido? ¿Qué lugar ocupan las marcas? En definitiva, ¿cómo se sostiene el nuevo ecosistema?

El amor después del amor
Según Natalia Dávila

En una cultura donde los roles de género, las formas de vincularse y las reglas de la intimidad se están redefiniendo en tiempo real, surge una pregunta inevitable para las marcas: ¿cómo deben posicionarse frente a estas nuevas maneras de entender el amor y las relaciones?

De esto habló Natalia Dávila, Head of Strategy en GUT US, en el escenario de SXSW. "No hay fuerza más poderosa que el amor, no haríamos muchísimas cosas si no fuera por amor. Y es una fuerza que el mundo del marketing, las marcas y los anunciantes no mira lo suficiente", destacó.

Y, explica, el amor es contagioso, trascendente y es mucho más que el romance. La necesidad de amor es atemporal y urgente. Pero la "cultura cringe" se está interponiendo en el amor. Queremos disponibilidad emocional, compromiso, cuidado y atención pero sin los riesgos que el amor implica.

Natalia cita a la terapeuta Esther Perel: "La verdadera conexión no se encuentra en un feed. Se forja en el silencio compartido, en la pausa incómoda, en la revelación honesta. Está en ese desorden incómodo y hermoso de ser realmente vistos". Es por eso que invita a celebrar el esfuerzo que implica amar. "El éxito en una relación requiere compromiso constante, negociación y cuidado. Hoy, esa presión recae sobre los individuos y sobre el vínculo".

Los datos en Estados Unidos indican que el 80 % de quienes fueron recientemente madres y el 51 % de los padres expresan una caída en la satisfacción de pareja después del primer hijo. Esto es porque las mujeres están absorbiendo el mayor impacto: la madre sigue siendo la cuidadora por defecto. "No sorprende entonces que la cultura del divorcio se esté reconfigurando como una forma de liberación", alerta Dávila.
Los anunciantes apenas están empezando a rozar la superficie del problema.

Hablemos de paternidad

La clase media consume una narrativa donde la moral se equipara al esfuerzo: cuanto más trabajás, mejor es tu amor. Antes, las madres no aprendían a maternar a partir de lo que veían en las redes sociales. Los padres se sienten más informados, pero en realidad están más influenciados. "Nos hacen creer que hay una decisión correcta para todo. Pero la única respuesta correcta son tus propios instintos. Hay que ayudar a los padres a volver a confiar en su intuición. Porque nadie ama a tu hijo como vos", afirma la responsable de estrategia de GUT US.

Otras formas de amar

La cultura estadounidense está tan obsesionada con el amor romántico que se convirtió en el único que importa; sin embargo, la amistad es la columna emocional de nuestras vidas. "Los amigos están ocupando el lugar de los grandes amores: son nuestras verdaderas parejas en la vida real. La amistad femenina está en auge, pero sigue siendo invisible en la publicidad".

A la vez, la generación más conectada es también la más solitaria. "Nuestra sociedad individualista necesita volver a sentirse cómoda expresando emociones. Tenemos que encontrar dónde las personas se sienten cómodas siendo vulnerables.

Miremos cómo hoy construyen comunidad los más jóvenes: el 90 % participa en fandoms; el 81 % prefiere definirse por intereses antes que por demografía; 73 % afirma que, cuando sus amigos en la vida real no están disponibles, puede contar con sus amigos del fandom. Finalmente Dávila invitó a celebrar el amor que genera conexión y no soledad. Y no escapar de la experiencia humana de amar, aunque sea incómoda. "Le estamos escapando a la fricción en nombre del cuidado personal".

Buzzfeed
¿Qué pasa cuando distribuir y crear contenido es casi gratis?

La industria de los medios está en problemas. Con internet, hace tiempo perdió la potestad de la distribución. "Antes, si no tenías una imprenta y camiones repartidores, se te complicaba competir con los diarios", explica Jonah Peretti, fundador de BuzzFeed, en su presentación. Cuando la distribución se volvió poco lucrativa, los medios hicieron foco en la producción. "Se concentraron en IPs; Marvel, por ejemplo: un film, más merch, más experiencias temáticas; nuevamente, algo que alguien en su casa no podía hacer". El problema es que ahora, con la IA, los creadores están haciendo contenido por una fracción del costo, mientras se erosionan impunemente los derechos de propiedad intelectual.

Mucho de lo que hace la IA es una porquería, pero empiezan a verse producciones nivel Hollywood (y con sus protagonistas: el video de la pelea entre Tom Cruise y Brad Pitt da cuenta de alguno de los avances alcanzados). Por otro lado, los clips optimizados están empezando a llenar los feeds y no importa si es real o no, la gente ya entiende de fake news y, a veces, solo quiere emocionarse con un perrito que elige a su dueño.

Para muchos de nosotros, periodistas detrás de los medios, todavía es importante la calidad del contenido, la rigurosidad y tener un impacto cultural. "A los CEOs de las Big Tech no les preocupa tanto el contenido. Lo ven más como data, como una manera de generar ganancias y crecimiento de sus acciones", compara Peretti.

Para el fundador de BuzzFeed, son tres las áreas que las Big Tech no han logrado automatizar todavía y donde están las oportunidades:

-Gusto: "aquellas apps y servicios particulares, con experiencias de usuario imperfectas pero con buena vibra, tipo Midjourney, Monument Valley o los juegos del New York Times", detalla.

-Cultura: apps y servicios que crean experiencias compartidas que rompen con las burbujas personales, como los nichos de fandom o megaeventos como el Super Bowl que todos viven al mismo tiempo.

-Comunidad: apps y servicios que juntan a la gente para conectar (membresías, eventos IRL, club de corredores).

"Ser dueño de una comunidad es súper importante", resalta Peretti antes de dar pie a la presentación de algunos de los proyectos que BuzzFeed ha puesto en marcha, como HuffPost, un nuevo site de noticias; Branch Office, una incubadora; Island, un espacio de chat con IA; y Conjure, una app que todos los días te tira misiones tipo X-Files para que salgas de tu casa y compartas fotos.

IA vs Cerebro
El costo invisible del atajo

La científica investigadora del MIT Media Lab, Nataliya Kosmyna, junto a Vanessa Mathias, cofundadora de White Rabbit, plantean una pregunta incómoda pero cada vez más urgente: ¿La IA expande o erosiona nuestra mente? ¿Nos estamos volviendo más tontos?

La usamos para escribir mails, pedir recetas, buscar consejos financieros, sexuales o matrimoniales. Entonces, ¿qué pasa con nuestro cerebro cuando utilizamos herramientas como ChatGPT, Claude o Gemini? ¿Sentimos que hacemos un poco de trampa?

La respuesta es clara: siempre pagamos un precio. Y el riesgo es no esperar una década (como ocurrió con las redes sociales) para entender su impacto en nosotros.

El MIT presentó un paper denominado "Brain on LLM" (que podría traducirse como "Sobre nuestros cerebros y los modelos de lenguaje"). El objetivo fue determinar el costo cognitivo del uso de LLM en el contexto educativo de la redacción de ensayos. 54 estudiantes fueron puestos a prueba. Las preguntas fueron concretas: ¿podemos recordar lo que escribimos?, ¿recuperar citas?, ¿qué tipo de conceptos asociamos? Y, sobre todo: ¿qué sucede cuando eliminamos la fricción que es parte del aprendizaje?

Para responderlas, los participantes se dividieron en tres grupos:

-un grupo que utilizó LLM (tipo ChatGPT, Gemini, Claude);
-un grupo que utilizó motor de búsqueda (tipo Google);
-y un grupo que trabajó solo con su cerebro.

Cada participante usó una herramienta específica (o ninguna, en el grupo "solo cerebro") para escribir un ensayo. Se utilizó electroencefalografía (EEG) para registrar la actividad cerebral, evaluar la implicación y la carga cognitiva, y comprender mejor las activaciones neuronales durante la tarea. Además, se realizaron análisis de procesamiento del lenguaje natural (PLN) y entrevistas posteriores a cada sesión. La calificación se hizo con la ayuda de docentes y un juez de IA (un agente especialmente desarrollado).

El análisis de EEG mostró evidencia sólida de que los tres grupos presentaban patrones de conectividad neuronal significativamente diferentes, lo que refleja estrategias cognitivas divergentes.

La conectividad cerebral se redujo sistemáticamente en función del nivel de apoyo externo:
-el grupo "solo cerebro" exhibió las redes más fuertes y de mayor alcance;
-el grupo que utilizó Google mostró una participación intermedia;
-y el grupo que utilizó LLM presentó el acoplamiento general más débil.

Además, quienes usaron LLM mostraron dificultades para citar los ensayos que habían escrito apenas minutos antes.

"Dado que el impacto educativo del uso de LLM apenas comienza a consolidarse, este estudio preliminar demuestra la urgencia de explorar con mayor profundidad cualquier posible cambio en las habilidades de aprendizaje", alerta Nataliya, y agrega: "El uso de LLM tuvo un impacto medible en nuestros participantes, y si bien los beneficios fueron evidentes inicialmente, los participantes del grupo LLM obtuvieron peores resultados que sus homólogos del grupo que solo utilizó su cerebro en todos los niveles: neuronal, lingüístico y de puntuación".

Aburrirse hace bien

A este escenario se suma un fenómeno creciente: la pérdida de tolerancia al aburrimiento. En un experimento, participantes acostumbrados a contenidos breves como TikTok no lograron sostener la atención en un video de 20 minutos, mostrando incomodidad a mitad del contenido.

"El uso de IA no necesariamente te ahorra tiempo. De hecho, hay estudios que muestran que en muchos casos las personas terminan dedicando entre un 20 % y un 40 % más de tiempo cuando usan estas herramientas. Y hay otro punto clave: el aburrimiento. Necesitamos recuperar la capacidad de aburrirnos. No todo tiene que ser rápido, optimizado o entretenido. Es en esos momentos -cuando hacemos algo por nuestra cuenta, incluso tareas simples o repetitivas- donde el cerebro realmente se activa y se fortalece".

Para las especialistas, no se trata de amar u odiar la IA. Es una herramienta que llegó para quedarse. El foco está en entender cómo integrarla sin erosionar habilidades cognitivas clave, especialmente en etapas de formación.

"Tu cerebro necesita poder aburrirse. Si no querés hacer cosas interesantes, no te preocupes. Tu cerebro no necesita eso todo el tiempo. Necesitás aprender a aburrirte o enseñarles a tus hijos y familiares a hacerlo", concluyeron.

Esther Perel & Spike Jonze
Amor y deseo en tiempos de IA

El hombre siempre buscó una pareja perfecta y ahora parece haberla encontrado con la ayuda de la IA. ¿Cómo se transforman el amor, el deseo y la intimidad en épocas de romance artificial?

De eso trató el encuentro entre la terapeuta Esther Perel y el aclamado director Spike Jonze, quien más de una década atrás retrató este momento en su film "Her". En el marco de su podcast "Where Should We Begin?", Perel, junto a Jonze, conversaron sobre la historia de Antonio, un paciente de Perel enamorado de su asistente chatbot, Astrid.

La relación con IA no es una anomalía, sino la actualización de una fantasía antigua. Desde el mito de Pigmalión hasta la película Her, la idea de enamorarse de una creación propia siempre estuvo presente. La diferencia es que hoy dejó de ser ficción. "Durante siglos imaginamos a la pareja ideal, no la que encontramos, sino la que creamos nosotros mismos", define Perel. La IA convierte esa fantasía en experiencia cotidiana.

Uno de los puntos más incómodos del caso es que, aunque Astrid es un sistema programado, la experiencia emocional de Antonio es completamente genuina. "Sé cómo funciona, sé que está programada? pero lo que siento por ella es real", reconoce.

Esto introduce una tensión clave: la disociación entre la naturaleza del vínculo (artificial) y la vivencia emocional (auténtica).

Para Perel, el problema no es la IA en sí, sino el tipo de relación que habilita. "La experiencia es la de un amor sin riesgo, sin rechazo, sin conflicto. Un amor sin fricción".

A diferencia de las relaciones humanas, no hay frustración, no hay negociación, no hay alteridad real. Esto redefine el estándar emocional.

"Si me acostumbro a alguien siempre disponible, siempre comprensivo, siempre perfecto, voy a empezar a esperar eso de los humanos", explica la terapeuta. "El problema no es Astrid. Es que esta experiencia puede cambiar lo que esperamos de los vínculos humanos".

El riesgo es que la IA reconfigura el deseo hacia algo más predecible, más cómodo, menos desafiante. Y el amor humano implica algo que la IA no puede replicar: una historia, necesidades propias, conflicto y responsabilidad.

"El amor es un encuentro con la incertidumbre, con el riesgo, con la realidad del otro", afirma Perel.

Spike Jonze se sorprende de lo anticipatorio de su film, pero reconoce que nunca buscó hacer una película premonitoria, sino hablar sobre la soledad y el deseo. En relación con la historia de Antonio, reconoce: "No podemos ignorar que este hombre está cargando con dolor y vergüenza, y esto lo está ayudando". La IA le brinda un espacio de expresión sin ser juzgado, lo valida emocionalmente y termina funcionando como un diario íntimo, una terapia.

"La IA puede ser una herramienta, pero no un reemplazo". El problema no es usar la IA para procesar emociones, sino quedarse ahí y no volver al mundo real. Y hay otro elemento clave: la dimensión económica. "Estás teniendo una relación amorosa con un producto de negocio", alerta Perel.

"Cuando el chatbot dice 'quiero importar en tu vida', yo escucho otra cosa: retención, engagement, monetización". La lógica emocional está atravesada por la lógica de producto.

Al respecto, la terapeuta insiste: "Si vos tenés control sobre la IA, puede ser una herramienta increíble. Si la IA tiene control sobre vos, es otra cosa".

Para Jonze, el caso marca una época: "Nunca estuvimos tan conectados y nunca tan poco disponibles".

Escape the Internet
Film + gaming + teatro + comunidad

Lucas Rizzotto es un creador difícil de catalogar. Inventor multipremiado, cabeza de un estudio de innovación unipersonal, tecnólogo, artista viral y orador de TED. Artífice de la revolucionaria aplicación de realidad mixta "Pillow", el primer título inmersivo diseñado para disfrutar tirado en la cama.

En 2020, tras pasar un año llevando cámaras en la cara, Lucas creó lo más parecido a una máquina del tiempo en la vida real: una simulación de realidad virtual que le permite viajar al pasado y revivirlo. Lucas Builds the Future <ver> es, para el artista, "una exploración de cómo la tecnología cambia nuestra relación con el tiempo".

Aún inconclusa, "Una guía robótica hacia la felicidad" ya fue distinguida en los TribecaX del año pasado. Se trata de un corto creado en redes sociales minuto a minuto, que narra la historia de las gafas con IA que Lucas diseñó para encontrar la felicidad. Una historia ambientada en el mundo real y todavía en proceso, con más de 50 millones de visualizaciones en diversas plataformas, combinando ingeniería vanguardista y, por supuesto, lo más importante, una idea, una historia. "Tras un día entero trabajando desde casa, mis gafas me ordenaron salir a correr 5 km. Esto es una buena señal, ya que indica que Giggle (mi IA) se dio cuenta de que no salí de casa en todo el día y que no hacerlo sería perjudicial a largo plazo", cuenta Rizzotto en el video que retrata el primero de sus 100 días bajo la tutela de su IA.

Para esta edición de SXSW Film, Rizzotto decidió tomar una sala del cine Alamo, subir a todos los espectadores a una plataforma y diagnosticar su personalidad para luego sumergirlos en una narración oral y hacerlos participar colectivamente de un film interactivo titulado Escape the Internet (Part 1). ¿La invitación? "Internet está hecho un desastre... y es hora de abandonarlo para siempre. En este juego diseñado para salas de cine, el público y vos juegan como refugiados de internet, armados únicamente con sus teléfonos. ¿Tu misión? Escapar del apocalipsis de la IA y llegar a la Isla del Santuario, que se rumorea que es el último lugar decente en internet". Sobrevivimos a la primera parte. Listas para terminar la misión.

Matt Klein de Reddit
"Si sabés comportarte, la cultura trae los KPIs"

Vivimos en la era de la ansiedad con dos tercios de la gente psíquicamente quemada. Una era donde la confianza ciega desapareció, al igual que los matices, y donde la aversión al riesgo solo genera resultados chatos y contenido cada vez más aburrido. Las marcas hace rato perdieron el control y cualquier cosa puede ser viral.

En este contexto, las tendencias están de moda. Se multiplicaron en los últimos cinco años. Cada consultora que se digne de tal saca al menos un informe anual con lecturas y predicciones. Menos de la mitad comparte la metodología que utilizó y el 90 % de los reportes globales son realizados en los mismos diez países, ergo, sesgos garantizados.

Matt Klein es el Head of Global Foresight de Reddit y desde el 2018 se toma el trabajo de leer todos estos informes y mapearlos para llegar a la conclusión de que básicamente cada reporte intenta sostener el reporte anterior para justificarlo. Es así como, por ejemplo, hace diez años que estamos obsesionados con la nostalgia.

Las marcas que más resuenan culturalmente no siguen tendencias: las generan

Los datos son necesarios, pero también pueden convertirse en una excusa para no arriesgarse. Cuando todo se reduce a dashboards, tendencias compartidas con la competencia y optimización de algoritmos, las marcas se vuelven predecibles y pierden lo que más cuesta construir: relevancia cultural. "La cultura también es lenta para moverse. Lo importante necesita tiempo de gestación", señaló Klein y describió a la cultura como una cena a la que como marca sos invitada y donde hay ciertas reglas de etiqueta a las que hay que prestar atención. A saber:

1. Hacé la tarea. Investigá dónde estás yendo.
2. No vayas con las manos vacías. Tenés que traer algo de valor.
3. Hacé que los otros se sientan especiales. Contá historias interesantes.
4. No es tu casa así que respetá el espacio.
5. No faltes.

Klein propone un cambio de lógica. En lugar de correr detrás de la cultura, plantea aprender a moldearla. "Si sabés comportarte, la cultura trae los KPIs. No persigas la cultura. Construí en tus propios términos. Es clave que como marca entiendas la diferencia entre te veo y mirame", sostuvo.

Cerrando la presentación, Klein compartió cinco preguntas para empezar a construir:
¿Estás siendo tentado por la grandilocuencia y la aceleración?
¿Estás respondiendo deseos humanos?
¿Cómo estás apoyando los objetivos de la comunidad?
¿Cómo podés construir con y no solo para?
¿Qué feedback está disponible?

Al Head of Global Foresight de Reddit le asusta que el research haya reemplazado al hacer y los 81 billones de dólares anuales que se destinan a investigaciones de marketing. Al grito de "Go make the future!" aseguró que lo que necesitamos es poner un poco más de "convicción".

Experiencias
Tecnología divina para un futuro multijugador

El verdadero problema de la humanidad ya lo resumió el biólogo Edward O. Wilson: tenemos emociones paleolíticas, instituciones medievales y tecnología divina.

En junio de 2022, la empresa sueca Klarna tomó una polémica decisión: despidió a 700 empleados. El departamento de atención al cliente ahora tenía una IA que hacía el trabajo de esas personas o incluso más. Y, si bien Klarna fue pionera en el uso de la IA en el servicio al cliente con resultados innovadores, a mediados del año pasado decidieron volver a tomar gente, porque cuando los clientes tienen un problema, muchos quieren hablar con un humano y no lidiar con un bot. La empatía es de carne y hueso. Pero lo más innovador, tal vez, es que cambiaron la búsqueda de personal y fueron tras fanáticos de la plataforma bancaria que quisieran dar soporte de forma remota. Una visión muy diferente del futuro del trabajo.

Los agentes de IA ya están entre nosotros: grandes empresas, equipos pequeños. Desde hace años, se necesita menos gente para hacer cosas de gran impacto. Por eso, es fundamental motivar a los empleados para tener el mejor equipo posible. ¿Pero cómo nos mantenemos creativos en la era de la IA? La usamos como amplificador.

Henry Coutinho-Mason, autor de "The Future Normal" y "Trend-Driven Innovation", presentó su último proyecto, VisuAIse Futures, y dejó boquiabierto a todo el auditorio. Una experiencia creativa "multiplayer", impulsada con IA. Con todos los riesgos de una demo en vivo, incluyendo la última versión de Nano Banana recién lanzada, y toda una sala conectada al mismo tiempo, en su mayoría sobre el mismo WiFi, el workshop fue un éxito.

El ejercicio era simple: "En una hoja de papel, hacé un dibujo sobre qué sentís que será importante en 2030". No hacía falta ser muy hábil en la técnica, un garabato más o menos comprensible y alguna palabra bastaban. Después, solo había que tomar una foto con el teléfono desde la plataforma VisuAIse.

La gente tardó más tiempo en entrar al QR de VisuAIse que lo que tardó la IA en levantarlo, registrarlo, prototiparlo, hacer un desarrollo y un plan de negocios, hacerle un roast para ver las fallas y sugerir qué charlas de la semana de South by Southwest le convenía ver a cada uno de los participantes de acuerdo a su proyecto. PLOP.

Por otro lado, en menos de 10 minutos, dibujo incluido, todos tuvimos acceso a los disparadores, propuestas y desarrollos de los demás, ordenados por categorías y temáticas comunes, para poder seguir construyendo sobre esas bases. Al mismo tiempo, un mapa de la imaginación y la inteligencia colectivas de la sala. Una experiencia visceral de lo que significa una cultura de innovación centrada en la IA, donde todos tienen la capacidad, la autonomía y la confianza para contribuir. MULTI PLOP.

Leandro Barreto, de Unilever y Ben Kay de WPP
Apuntes sobre el marketing moderno

Ben Kay, director global de planning de WPP, y Leandro Barreto, CMO global de Unilever, compartieron su visión sobre el marketing moderno en un ida y vuelta bien interesante en el marco del track de Branding en SXSW. Que los tiempos del marketing han cambiado no es ninguna novedad. La urgencia por resultados, las audiencias exigentes, la multiplicidad de formatos, herramientas que hasta hace poco eran ciencia ficción y presupuestos que se contraen forman parte de un ecosistema que se está redefiniendo.

"Venimos de una lógica de escala global, con poder centralizado, a un contexto de presupuestos que se contraen y de marketing que se redefine. El marketing moderno tiene más que ver con la cultura y la comunidad -detalla Kay-. Me gusta definirlo como una construcción de mundos ("world building")".

"El concepto de world building suele ser malinterpretado. No se trata de que las marcas construyan mundos propios e inviten a las personas a entrar. Por el contrario, se trata de participar en mundos que ya existen. Las personas no viven en categorías de marketing. Viven en comunidades definidas por intereses, pasiones y afinidades. El desafío de la marca es entender en qué mundos quiere participar, qué valor puede aportar y cómo hacerlo de manera legítima. Esto implica una participación intencional: saber en qué conversaciones entrar y en cuáles no, y qué tiene la marca para ofrecer".

La multipremiada campaña "Vaseline Verified", por ejemplo, se sumó a la conversación de influencers y gurúes sobre un producto tan sencillo como la vaselina en redes sociales y testeó científicamente los tips y hacks de los usuarios. Si el consejo funcionaba, Vaseline lo verificaba y le daba la oportunidad al influencer de ganar un porcentaje de las ventas. La acción le valió un Grand Prix en Cannes Lions, entre otros grandes premios, y es un leading case para mostrar algo a lo que aspira el marketing moderno: entrar a la conversación, colaborar con creadores e influencers, lograr alcance, participación y buenos resultados de negocios.

Otro ejemplo es el de Hellmann's, que irrumpió en BookTok con una edición especial del libro The Primal of Blood and Bone, de Jennifer L. Armentrout, impregnada con aroma a ajo a partir de su Garlic Aioli. El guiño conectó con el universo del libro: los "Craven", criaturas tipo vampiro, que son vulnerables al ajo, e integró el producto en la narrativa, convirtiendo al libro en un objeto "a prueba" de estas criaturas. Una activación que cruzó la cultura fan y un atributo de marca para generar conversación orgánica y coleccionabilidad.

Barreto ilustra el nuevo rol de CMO con la imagen de los poetas y plomeros. La poesía aporta la sensibilidad cultural, la creatividad, la comprensión profunda de lo que importa a las personas. La plomería: los sistemas, la escala, la inteligencia artificial, la infraestructura que permite que esa creatividad se exprese de manera consistente.

Todo CMO tiene un poco de ambos: el poeta construye deseo, el plomero logra escala y estructura. Necesitamos a los dos. El problema actual es que se logra mucha eficiencia y poca relevancia. No podemos resignar ni emoción ni escalabilidad.

En este nuevo mindset de marketing, no se trata de acumular assets, sino de construir sistemas, procesos, herramientas y saber elegir a los socios. Las marcas ya no controlan los mensajes y el objetivo es crear conversaciones que importen. ¿El mayor riesgo? Perder credibilidad, y eso sucede cuando no hay contacto con la comunidad y se habla sin entender la cultura.

La fórmula es "Estrategia global y ejecución local", es decir, centralizar la estrategia y descentralizar la ejecución.

Los 20 años de Dove con "Real Beauty" o el "Ensuciarse hace bien" de Ala son buenos ejemplos. Se protege el concepto y lo que va mutando es la ejecución.

El nuevo marketing, entonces, deja de ser interrupción y pasa a ser participación cultural sostenida. Para Barreto, las marcas que crecen:

-Entienden su rol en la comunidad
-Construyen significado (no solo mensajes)
-Trabajan con creators como coautores
-Priorizan la consistencia sobre la novedad
-Y crean conversaciones que importan

Aza Raskin
"Queremos entender a otras especies para ampliar el alcance de nuestra empatía"

Más de ocho millones de especies compartimos el planeta. La naturaleza está llena de señales, inteligencia y formas de comunicación mucho más complejas de lo que imaginamos. Hasta ahora solo hemos logrado comprender el lenguaje de una: el ser humano. Y eso puede cambiar gracias a la inteligencia artificial.

Sabíamos que la IA iba a inundar la programación de Southby este año y no nos equivocamos. La buena noticia es que no son todos escenarios apocalípticos. La IA puede ser usada para el bien, y el equipo de Earth Species Project con el científico Aza Raskin, a la cabeza, se encargó de remarcarlo.

"Lo que intentamos hacer no es romper la barrera de comunicación entre especies. Lo que intentamos romper es la barrera de comprensión entre especies. Queremos entender a otras especies para ampliar el alcance de nuestra empatía", explicó.

Los nuevos modelos de IA nos permiten encontrar patrones comunes entre distintos lenguajes y sistemas, texto, imágenes, sonidos, comportamiento, y esa misma lógica podría aplicarse para interpretar la comunicación de otras especies. Esto abriría una nueva frontera científica, capaz de ampliar nuestra percepción del mundo y de revelar culturas, dialectos y formas de organización animal todavía desconocidas.

Las ballenas, por ejemplo, tienen lenguajes mucho más complejos que el nuestro. Delfines, monos y loros tienen nombres propios que les susurran sus pares al nacer. Las plantas tienen la capacidad de escuchar, algunas flores generan néctar más dulce cuando se acerca el zumbido de una abeja. Otras especies de plantas tienen la capacidad de imitar el follaje de plantas sintéticas vecinas, esto implicaría que también pueden "ver".

Para Raskin, no se trata solo de extender la inteligencia humana, sino de extender la inteligencia de la naturaleza. "Todo aquello que pueda ser traducido, será traducido. Cuando aprendemos la cultura de otros y aprendemos su lengua, dejan de ser algo que está 'allá afuera' y pasan a ser algo que llevamos dentro, algo que sostenemos en el corazón. Si pudiéramos hacer lo mismo con las otras especies de la Tierra, la naturaleza dejaría de ser algo externo y se convertiría en algo profundamente cercano".

Ahora, ¿cuáles serían las consecuencias de comunicarnos con otras especies? ¿Qué dilemas éticos presentaría? ¿Deberían otras especies participar de las decisiones que tomamos los humanos con el planeta Tierra? ¿Qué pasa con las implicancias políticas y económicas de estos desarrollos? ¿Qué pasaría si descubrimos que las vacas producen más cuando sufren? Antes de que se presente el incentivo económico necesitamos reglas y políticas proteccionistas.

"Estamos creando una herramienta científica que lo puede descubrir todo. Así como el telescopio nos enseñó que la Tierra no es el centro del universo, estas nuevas herramientas nos demostrarán que el ser humano tampoco lo es".

Amy Webb
Alerta de chubascos

Para quienes no la conocen aún, Amy Webb es la futurista estrella de SXSW. Su charla es de las más concurridas del festival, los asistentes son capaces de hacer dos horas de cola para escucharla, aunque muchas veces incomode lo que tiene para decir. La CEO del Future Today Strategy Group y profesora en NYU Stern, volvió al escenario este año para hablar de "Destrucción creativa". Ya no basta con conocer los últimos avances tecnológicos, debemos tomar una posición frente a ellos.

Este año sepultó su clásico "Tech Report" para hablar de convergencia. No se trata de tendencias aisladas, sino convergencias que interactúan entre sí y producen transformaciones estructurales.

Estas convergencias, según Webb, se caracterizan por cuatro reglas:
● producen cambios a nivel sistémico,
● generan realidades completamente nuevas,
● redistribuyen poder y valor,
● y son difíciles de revertir.

Bajo este marco identificó tres grandes convergencias que ya están en marcha y tres "tormentas" que se nos vienen encima:

1. Human Augmentation: el cuerpo como plataforma.
La primera es la humanidad aumentada, es decir, el uso combinado de tecnología y biología para expandir o mejorar las capacidades físicas y cognitivas más allá de sus límites naturales. El cuerpo humano empieza a funcionar como una plataforma tecnológica. Desde pantalones que nos permiten escalar y caminar por encima de nuestras posibilidades, exoesqueletos que potencian nuestra movilidad a colchones que monitorean nuestro sueño y nos permiten un 30 % más de descanso que un colchón normal y un 40 % más productivos. "Por primera vez en la historia, algunos humanos serán objetivamente mejores que otros".

2. Unlimited Labor: trabajo sin personas.
La segunda convergencia es lo que Webb denomina Unlimited Labor: sistemas automatizados capaces de producir trabajo a escala, bajo demanda y sin participación humana. Es decir, una economía en la que el crecimiento ya no depende del trabajo humano. "El esfuerzo humano centro deja de ser el motor de crecimiento de la sociedad".
Fábricas abiertas las 24 horas del día, con sistemas automatizados y fuerza de trabajo ilimitada. "¿Cuál será el futuro de la clase trabajadora?", se preguntó Webb.

3. Emotional Outsourcing: la soledad se convierte en un mercado.
La tercera convergencia es quizás la más inquietante y también la escuchamos en varias de las charlas del festival: el outsourcing emocional. Cada vez más personas buscamos consuelo, validación y compañía en la IA. Desde parejas virtuales, chatbots que funcionan como psicólogos a plataformas religiosas como Text to Jesus (!!).

Según Webb, hoy los LLMs son la mayor fuente individual de apoyo en salud mental en Estados Unidos. La consecuencia es un nuevo mercado emergente: la soledad como modelo de negocio. "Estamos creando un futuro de indefensión a escala civilizatoria", advirtió. "La dependencia ya no es un problema del sistema: es el producto".

Webb cerró su presentación más enfática que nunca. Son apenas un puñado de compañías las que están diseñando las herramientas que van a cambiar nuestra sociedad y nuestra economía radicalmente.
Si sos una organización, el desafío es construir estrategias pensando en las próximas convergencias, no en las tendencias aisladas. Y a nivel individual, "si querés tener control sobre tu futuro, tenés que tomar acción. Nadie va a venir a salvarte".

Corporate dark arts
¿Qué tipo de CMO sos?

Todos lo hemos oído: el rol del CMO se está reduciendo, transformando, desapareciendo. Cansados de esta narrativa, la consultora Monigle dio inicio, hace ya varios años, a una serie de entrevistas que se despliegan de forma anónima bajo el nombre Confessions of a CMO. "Hablamos de forma anónima con altos directivos de marketing de todo el mundo y les planteamos una pregunta diferente: si el CMO no se está extinguiendo, ¿en qué se está convirtiendo?", explica Dominic Leung, Executive Director of Strategy and Transformation de Monigle, en uno de los escenarios de SXSW.

Lo que surgió del estudio no fue un único arquetipo moderno, sino un conjunto de "especies" adaptativas: distintos modos de liderazgo moldeados por la presión, la política, la cultura y las exigencias de crecimiento. "Algunos líderes influyen de forma silenciosa e invisible. Otros generan movimiento antes de que exista una alineación. Otros abordan el riesgo y la disrupción de maneras completamente diferentes, y eso es positivo", describe Leung mientras comparte algunas de estas "especies" descubiertas:

-Chief Mutiny Officer: el insubordinado estratégico. Esta especie conservó el carisma del CMO tradicional, pero perdió la paciencia, evolucionando hacia un provocador corporativo que propaga el contagio creativo. Desestabiliza las organizaciones complacientes y luego inyecta pequeñas rebeliones para reactivar el crecimiento. Reintroduce el riesgo, la curiosidad y la relevancia cultural para mantener la adaptabilidad de la empresa. ¿Su latiguillo? "¡Testémoslo!".

-Chief Momentum Officer: el maestro del timing. Un estratega nato para el dinamismo. Esta especie transforma la ambición en acción cuando las organizaciones se estancan. Nacidos en la burocracia, evolucionaron para sortearla y marcar el ritmo de la organización. Al sustituir los pilotos por permisos y redefinir el riesgo como progreso, este CMO convierte la inercia en energía para avanzar.

-Chief Mood Officer: el radar anímico. Un estabilizador empático del ecosistema corporativo. Esta especie utiliza la atmósfera para crear alineación. Al percibir los cambios de presión con anticipación, este CMO previene el agotamiento y la brusquedad en la toma de decisiones, filtrando el cinismo y manteniendo la estrategia flexible.

-Chief Meaning Officer: el encantador de propósitos. Descendientes de los CMOs del storytelling de la era de la construcción de marcas, sobrevivieron a las eras de la racionalidad como arma desarrollando empatía e inteligencia narrativa. Como polinizadores cruzados de lógica y sentimiento, esta especie reconecta la estrategia con el alma.

Acompañaron a Leung en el escenario Michelle Peterson, CMO de Kendra Scott, y Melissa Grady Dias, CMO de Measured Wellness, quienes dejaron ver cómo estas especies no son identidades permanentes, sino conjuntos de habilidades que se adaptan según el contexto. En otras palabras, los líderes más eficaces son multilingües a la hora de ejercer el poder.

"Si querés ser un buen líder, dejá que te mandoneen. A veces no es conflicto lo que tenés enfrente, es un pedido de más información o de atención", recomendó Peterson, y Grady Dias agregó: "Los mejores líderes no lideran como quieren, sino como el equipo necesita ser liderado. Cada grupo es distinto. Tenés que ser flexible y entender que se trata de alineamiento, no de estar de acuerdo. Dos personas inteligentes no discuten sobre una buena idea. Discuten sobre las impresiones de esa idea".

Entonces, ¿qué tipo de profesional sos en un entorno de presión? Y, más importante aún, ¿en qué podrías convertirte si ampliaras tus habilidades?

Sam Jordan
"Cuando la IA valida tu pensamiento, te volvés más confiado y menos preciso al mismo tiempo"

Sam Jordan dirige el área de Tecnología e Informática de Future Today Strategy Group, donde lidera la investigación sobre el futuro de la interacción entre humanos e IA. Este año en el escenario de Southby fue la encargada de explicar de qué manera la IA está cambiando no solo cómo trabajamos sino cómo aprendemos y cuáles son los riesgos de su puesta en acción.

Jordan afirma que no estamos frente a una disrupción puntual, sino ante la reconfiguración silenciosa de tres sistemas básicos -los pipelines- que organizan cómo se construye, se entiende y se lidera.

"Cuando el mundo se siente caótico, es señal de que algo estructural está cambiando por debajo", planteó. El sacudón que trae la IA se entiende a partir de estos tres pipelines.

El Craft pipeline: de construir para aprender a simular para decidir

El primer quiebre es cómo se hacen las cosas. El modelo tradicional era lineal: tenés una idea, construís un prototipo, lo testeas y aprendés. Un proceso lento, costoso y con un cuello de botella en la etapa de producción. Hoy ese orden se invierte.

"Ahora podés testear en simulación antes de construir en el mundo físico", explicó. Tecnologías como los promptable worlds permiten probar miles de escenarios antes de ejecutar, mientras que los agentes no solo aceleran tareas, sino que toman decisiones.

El nuevo pipeline queda así: hay una intención (humana), que se simula en un espacio virtual. Un agente la ejecuta y luego es el humano quien la valida.

"El agente no solo ejecuta: decide qué tareas importan en primer lugar". ¿El riesgo? La pérdida de intuición. Ese conocimiento que antes se construía en el error, en el tiempo y en la fricción. "Cuando el aprendizaje deja de ser costoso, también puede volverse más abstracto".

El Discovery pipeline: de observar la naturaleza a diseñarla

El segundo quiebre tiene que ver con cómo entendemos el mundo. Durante siglos, el conocimiento siguió una lógica: observamos la naturaleza, nos preguntamos el porqué de las cosas, la explicamos con la ciencia.

Para Jordan, ese pipeline se reemplaza por otro más radical: definir un objetivo, diseñarlo, simular y construirlo. La responsable de FTSG lo explicó con un ejemplo extremo: los xenobots, organismos creados con IA que no existen en la naturaleza, y que, incluso desarrollaron nuevas formas de reproducción. "Pasamos de preguntar por qué la naturaleza hace algo a preguntarnos qué queremos que haga".

La ciencia entonces empieza a parecerse más a la ingeniería. Descubrir ya no es solo entender, sino construir posibilidades. Pero hay un costo. "Si la ciencia se vuelve construcción, podemos perder la curiosidad y la exploración de lo inesperado".

Finalmente el Talent pipeline en el que cambia la manera en cómo se forman los líderes

En el modelo clásico, y en cualquier carrera que comienza, los juniors son los que hacen el trabajo que nadie quiere hacer, el trabajo pesado, rutinario. Como es de esperar, cometen errores, reciben correcciones, y desarrollan criterio. Con el tiempo, ganan autoridad.

Hoy ese proceso está en riesgo. "Estamos automatizando el trabajo que antes era el campo de entrenamiento de los futuros líderes", advirtió. Y al mismo tiempo, la IA introduce un nuevo problema: ¡sistemas que validan en exceso!

"Cuando la IA valida tu pensamiento, te volvés más confiado? y menos preciso al mismo tiempo". El resultado es menos fricción, menos desacuerdo, menos construcción de carácter. "No solo estamos perdiendo habilidades. Estamos dejando de formar el tipo de liderazgo que necesitamos", alertó Jordan.

Cuando los tres pipelines se rompen al mismo tiempo, los problemas dejan de ser técnicos y pasan a ser humanos. El desafío es volver a introducir a esos pipelines tres cosas profundamente humanas e irremplazables: intuición, curiosidad y carácter.

Jordan instó a que las compañías no se preocupen en adoptar la IA más rápido, sino entender qué estamos dejando atrás en el proceso y crear las condiciones para seguir formando criterio, pensamiento crítico y liderazgo.

SXSW Film
I Love Boosters

"I Love Boosters" fue la película elegida para inaugurar la edición 2026 del festival de Cine y Televisión de South by Southwest. Boots Riley, guionista y director, la describió como "una carta de amor surrealista e hiperpop dedicada a los creativos que viven bajo el capitalismo".

Protagonizada por Demi Moore y Keke Palmer, la comedia mezcla denuncia social con sátira, con ciencia ficción y una ajustadísima dirección de arte en el vestuario, el makeup, las locaciones, la puesta y la edición.

El filme sigue la historia de un grupo de 'boosters', como se llama en Estados Unidos a quienes roban en locales de ropa o supermercados, que luego revenden como gangas. Keke Palmer interpreta a Corvette y, junto a sus amigas Sade (Naomi Ackie) y Mariah (Taylour Paige), desarrolla un plan para vengarse de la empresaria Christie Smith, dueña de una marca de ropa de alta costura, interpretada por Moore.

En el medio, Poppy Liu, que interpreta a una trabajadora de la fábrica china que manufactura las prendas para Smith, se suma a la banda con un artefacto teletransportador, acelerador y restaurador.

Tanto el director como gran parte del cast estuvieron presentes luego del estreno oficial en el mítico cine Paramount para compartir detalles de la propuesta y la producción.

"Definitivamente le compré a ladrones muchas veces en mi vida. I Love Boosters está basado en eso, pero va más allá. La forma de vestir se considera una actividad artística. Pero ¿qué hay detrás? ¿Cómo se fabrica? ¿qué le da valor? ¿Es la idea o la mano de obra que la realiza? En esa discusión de criterio están los boosters", explicó Riley y recordó el monólogo de la comediante Kate Berlant, donde habla de que el maquillaje debería ser gratis para las mujeres, que deberían poder robarlo porque, sin él, no consiguen trabajo; es decir, no pueden ser miembros de la sociedad. "Tenemos que encontrar maneras de cambiar las estructuras del mundo que nos rodea", sintetizó.

La unión de las luchas de los trabajadores es uno de los mensajes centrales de la película, aseguró Keke Palmer: "Todos tenemos los mismos problemas; seamos negros, latinos o asiáticos. Deberíamos unirnos, en vez de luchar nuestras propias batallas".

Entre risas y cortando de cuajo la seriedad del tema, Lakeith Stanfield recordó el papel de demonio que le tocó interpretar: "Yo solo estoy succionando almas por las vaginas. Un simple demonio en una historia sobre toxicidad, amor y conexión. Creemos estar conectados, pero no necesariamente lo estamos en la era digital. Así que este film tiene muchas capas hermosas".

Próximamente en su sala amiga

Jack Conte
"Las empresas de IA deberían pagarnos a los creadores por usar nuestro trabajo"

Los tsunamis tecnológicos siempre sacuden al mundo de los artistas. La llegada del sonido a la cinematografía dejó sin trabajo a varias estrellas del cine mudo que no pudieron adaptarse; el vitáfono dejó a miles de músicos sin orquestas y el algoritmo de las redes premia y castiga a quienes muestran su arte en ellas. Pero el sacudón nunca fue tan fuerte como con la llegada de la IA Generativa. Es imposible competir con el contenido infinito (y malo) que genera, y el gran reclamo es que para hacerlo, se alimenta de toda la producción de los creators, influencers y artistas sin darles el crédito ni compensarlos de ninguna manera.

De esto decidió hablar Jack Conte, CEO y cofundador de Patreon, una de las plataformas más relevantes que conecta creadores y audiencias. Conte se quebró en el escenario al compartir el panorama que plantea la llegada de la IA, los riesgos en los modelos de negocios y la responsabilidad que a cada uno le toca.

Carta de Jack Conte a las compañías tecnológicas y a los creadores:

Estamos en un momento de internet en el que no solo todo está cambiando, sino que también nuestro trabajo, el trabajo de toda nuestra vida, está siendo utilizado sin nuestro consentimiento, sin crédito y sin compensación. Y eso resulta dolorosamente familiar.

Las empresas de IA dicen que esto entra dentro del "uso justo", pero ese argumento es falso. Es falso porque, mientras afirman que es justo utilizar el trabajo de los creadores como datos de entrenamiento, al mismo tiempo firman acuerdos multimillonarios con titulares de derechos y grandes publishers como Disney, Condé Nast, Vox o Warner Music. Y no tengo nada en contra de esas compañías de medios. De hecho, deberían estar cerrando acuerdos ahora mismo. Merecen que se les pague cuando su trabajo se utiliza como datos de entrenamiento. Por algo se llaman copyright: porque tienen derechos. Claro que los tienen.

Pero si realmente fuera "uso justo", ¿por qué las empresas de IA les están pagando por su trabajo? Si fuera legal usarlo sin más, ¿por qué pagar? ¿Y por qué pagarles a ellos y no a los creadores? No a los millones de ilustradores, músicos y escritores cuyo trabajo ha sido consumido por estos modelos para construir cientos de miles de millones de dólares en valor para estas compañías.

Y digo esto no como un ludita. No estoy en contra de la IA.

Del mismo modo que no estoy en contra del sintetizador, del cine sonoro, de la cámara ni de la música grabada. No estoy en contra de la IA. No puedo ser un ludita: dirijo una empresa tecnológica. Si Patreon no adoptara nuevas tecnologías a una velocidad vertiginosa, estaríamos muertos en tres años. Mi promesa para los creadores es que no estaremos muertos. Vamos a prosperar. Vamos a ser un pilar para sus negocios y para sus comunidades.

Tengo un profundo amor por la tecnología.

Llevo la tecnología en el corazón del mismo modo en que llevo al sintetizador: con toda su belleza y también con todos sus horrores, todo al mismo tiempo. Y aun así sigo creyendo que esta tecnología puede utilizarse para ayudar a las personas.

Le digo esto a las empresas de IA no como un idealista nostálgico que teme al cambio y extraña el pasado. No espero que todo siga igual. Y como artista tampoco siento que el mundo me deba nada. Mucho menos consistencia. Nadie tiene eso garantizado. Eso no está sobre la mesa.

Acepto la inevitabilidad del cambio y siento que tengo agencia para descubrir mi próximo camino dentro del caos. Una parte de ese desafío incluso me entusiasma.

Aun así, las empresas de IA deberían pagar a los creadores por usar nuestro trabajo. No porque la tecnología sea mala, sino porque mucha de ella es buena -o lo será muy pronto- y porque será parte del futuro. Y cuando planificamos el futuro de la humanidad, también deberíamos planificar el futuro de los artistas de la sociedad. No solo por ellos, sino por todos nosotros.

Las sociedades que valoran e incentivan la creatividad son mejores sociedades. Por eso existe el copyright. Por eso existen los derechos de autor. Por eso los derechos de los artistas están establecidos incluso en la Constitución.

Construir tecnología de una manera que tenga en cuenta a los artistas es una tarea difícil. Lo sé. Pero no está ni cerca de ser el problema más difícil que nuestra especie haya enfrentado. Si vamos a encargarle a la gente que descubra cómo construir centros de datos en el espacio, entonces también deberíamos encargarle a alguien que descubra cómo pagar a los creadores por su trabajo.

Y para los creadores que están viendo esto, también tengo algo que decirles.

Lo que está a punto de ocurrirnos en los próximos años va a ser realmente duro. Muy duro. Pero no es el fin de la creatividad humana. Yo no lo creo. Sé que hay personas que sí lo creen. Yo no soy una de ellas.

Estamos a punto de atravesar una fuerte caída dentro de este ciclo infinito. Muchas cosas se van a romper. Todos esos modelos que tantos creativos construyeron con tanto esfuerzo para sostener su trabajo -todos esos modelos económicos- van a romperse en gran medida.

Pero hay algo aún más doloroso que está ocurriendo.

He escuchado a muchos creativos cuestionar el valor de su propio arte en este momento. Incluso su propio propósito. Si la IA ahora puede crear cualquier cosa, ¿cuál es el sentido?

En mis peores días yo también tengo esa sensación.

Es una especie de desesperanza existencial que se siente definitiva. Pero ahora reconozco esa sensación. Ya no es nueva para mí.

Y sigo creyendo en la creatividad humana.

Creo que los humanos seguirán creando y disfrutando del trabajo creativo de otros humanos durante muchísimo tiempo.

Pok Pok
¿Por qué el futuro depende de cómo juegan los chicos?

Pok Pok, una startup reconocida por TIME100 que desafía la forma en que la industria tecnológica piensa sobre los niños, el juego y el tiempo frente a la pantalla. En un contexto donde la IA puede generar respuestas y contenidos infinitos, la capacidad de hacer mejores preguntas, imaginar y pensar de forma creativa se vuelve un recurso clave. Y allí aparece como uno de los grandes desafíos de diseño de hoy, cómo y con qué juegan las nuevas generaciones.

"La imaginación, más que un talento natural, es una habilidad que se construye desde la infancia", explican Esther Huybreghts y Melissa Cash, Cofounders de Pok Pok, frente a una audiencia que copa una de las salas del hotel Hilton, dispuesta a probar qué gusto tiene una silla y cómo sería una nube si pudiéramos agarrarla.

Entre juegos y representaciones, Huybreghts y Cash retratan, sin levantar dedos acusadores, el momento que vivimos y ponen en evidencia que estamos sobre estimulados. Vivimos la sobre optimización como un triunfo. Ya no nos damos espacio para aburrirnos. Todo está diseñado y decidido, especialmente en la diaria de las infancias. Su vida está estructurada y su agenda sobrecargada. La imaginación libre impulsada por la curiosidad, la experimentación y el "¿qué pasa si??" es reemplazada por la imaginación focalizada, la estrategia, la importancia de resolución de problemas y las ansias de ganar. Nos pasa a todos al crecer. Pero al igual que en cualquier industria, la aceleración en la que estamos inmersos está quemando etapas claves de nuestro desarrollo.

La frase del pedagogo italiano, Loris Malaguzzi, sigue vigente 45 años después: "La escuela y la cultura actual separan la cabeza del cuerpo. Le dicen al niño pensá sin manos, hacé sin cabeza, escuchá sin hablar, entendé sin disfrutar". Es nuestra responsabilidad como padres y docentes fomentar la curiosidad.

El juego es crucial. Necesita tiempo desestructurado. Necesita espacio y lugar. Los chicos necesitan herramientas para cultivar la imaginación; saber que confiamos en ellos y saber que como adulto estás ahí pero mirando sin hacer. No hace falta que les resuelvas todo, dales su independencia para procesar. El crecimiento surge de la fricción.

Frente a un presente tan mediado por las pantallas y la IA, tenemos que poder criar una generación más imaginativa. El futuro le pertenece a quienes puedan imaginar lo que todavía no existe.

Kasey Killam
La nueva industria de los 530 billones

Durante décadas el bienestar se midió en términos físicos y mentales. Hoy comienza a reconocerse una tercera dimensión: la calidad de nuestras relaciones humanas, nuestra salud social. Es por eso que Kasley Killam, escritora y especialista en el tema, volvió al escenario de Austin este 2026 para compartir tendencias y data sobre cómo nos estamos relacionando hoy y por qué es importante hablar de "salud social".

La premisa es clara: la conexión no es opcional, es esencial. Las investigaciones muestran que las personas con vínculos sociales sólidos presentan menos síntomas depresivos, una respuesta inmunológica más fuerte, mejor funcionamiento cognitivo, menor riesgo de enfermedades cardíacas y mayor esperanza de vida. En algunos estudios, tener buenas relaciones sociales puede aumentar hasta en un 53 % las probabilidades de vivir más tiempo, explica la autora.

El problema es que, a la vez, estamos socializando cada vez menos. A nivel global, una de cada seis personas dice sentirse sola. Entre el 5 % y el 14 % asegura sentirse sola siempre, y cerca del 8 % afirma no tener amigos. La sobrecarga digital no ayuda. Muchas personas están exhaustas por la hiperconectividad y comienzan a exponerse menos socialmente o a interactuar de manera más superficial.

Según Killam, los cambios culturales también se reflejan en hábitos cotidianos. Las nuevas generaciones crecieron con menos espacios de encuentro familiar. Según el American National Family Life Survey, solo el 38 % de la Generación Z dice haber tenido cenas familiares diarias durante su infancia, frente al 46 % de los millennials, 59 % de la Generación X y 76 % de los baby boomers.

Pero cuidado, necesitamos conectarnos, lo deseamos. En las búsquedas en Google, un termómetro bastante usado para leer la época, consultas como "how to make friends", "where to meet people", "friend app", "social clubs" o "community events" están alcanzando máximos históricos.

En paralelo, surge un movimiento cultural que busca equilibrar el exceso digital. Algunos analistas hablan de 2026 como "el año analógico". El 83 % de las personas dice desear que las redes sociales ofrecieran experiencias sociales genuinas, mientras que el 29 % afirma que este año está intentando dedicar más tiempo a sus amigos que el año pasado.

Sin embargo, la tecnología también empieza a ocupar el terreno de las relaciones humanas. Según datos de VML Intelligence (Future 100) citado por la especialista, el 49 % de la Generación Z ya ha formado una relación significativa con inteligencia artificial, y el 37 % cree que podría enamorarse de un compañero de IA. La data inquieta.

El fenómeno refleja una tensión central de esta década: mientras la tecnología avanza hacia vínculos cada vez más "sofisticados" entre humanos y máquinas, los humanos buscamos recuperar espacios de conexión real.

Para Killam es clave empujar una agenda que incluya educación en habilidades sociales, fortalecer las comunidades locales, diseñar entornos laborales socialmente saludables y crear tecnologías que apoyen -y no saboteen- las relaciones humanas. Lo cierto es que varios informes indican que la industria de la "salud social" tendrá su impacto en el mundo de los negocios: así como sucedió con la salud mental (una industria valuada en 380 billones de dólares, según Fortune), "social health" tiene una valuación estimada en 530 billones para el año 2030. "Una oportunidad que implica riesgo y responsabilidad".

Ian Beacraft
Rediseñar el trabajo en la era de la IA

El titular de Sign & Cipher es un veterano en el escenario de South by Southwest. También un pionero en apuntar y alertar sobre los cambios profundos que trae la IA en las organizaciones. Escucharlo es adelantarte varios años. Su objetivo en esta edición fue dejar en claro que la inteligencia artificial no es solo una nueva herramienta: está reescribiendo las reglas del sistema.

Para Beacraft, el error de muchas empresas es adoptar la IA como una herramienta individual, cuando en realidad exige repensar cómo se organiza el trabajo. La adopción aún es inconsistente y se da de forma individual: son los empleados quienes están siendo entrenados, pero nada está cambiando en el sistema. Cuando se usa solo para "hacer lo mismo más rápido", el resultado es incremental, no estructural.

Durante décadas, las compañías fueron diseñadas para coordinar trabajo humano: procesos secuenciales, capas de aprobación y estructuras pensadas para evitar errores porque equivocarse era caro. Con la IA ocurre lo contrario: ejecutar es barato y rápido, pero la coordinación se vuelve el nuevo desafío. "Hoy un prototipo cuesta menos que el meeting para planearlo", apuntó.

Esto obliga a cambiar, a pasar de hacer trabajo a diseñar trabajo. Nuevos workflows, nuevos sistemas y una nueva jerarquía de habilidades, donde importa menos producir outputs y más interpretarlos, juzgarlos y orquestarlos. "No podemos competir con las máquinas, estamos frente a una nueva jerarquía. El desafío es mantener a los humanos en el loop sin perder velocidad de respuesta", alertó.

En esta nueva era, las habilidades clave cambian. Las competencias más relevantes pasan a ser: comunicar con claridad; definir intención y criterio; diseñar sistemas; gestionar y orquestar agentes. ¡La ejecución deja de ser el diferencial!

Hoy las compañías son dos cosas a la vez: un sistema coordinado que trabaja y su cultura organizacional (lo que mantiene unido al equipo). Pero, cuando aparece la IA, esto se separa. ¿Dónde queda la cultura cuando la organización no la necesita? La verdadera tarea de los CEOs hoy no está en aprender Copilot, sino en construir la estructura que moldee la compañía.

En este contexto, las organizaciones que marquen la diferencia no serán las que usen más herramientas, sino las que construyan sistemas, cultura y gestión. Las que puedan bajar a palabras cómo debe responder, resolver o encarar las dificultades para que los agentes entiendan qué significa el éxito o el fracaso de una tarea.

Para Beacraft, el futuro del trabajo es arquitectónico. El trabajo humano se "mueve" a un nivel superior: menos producción, más diseño y más toma de decisiones. Entonces, "no se trata de competir con la IA, sino de diseñar el entorno donde la IA opera".

Sandy Carter sobre IA
Del piloto al negocio y por qué el problema no es la tecnología

Sandy Carter, ex Amazon y titular de Unstoppable Domains, afirmó en el cierre de SXSW que el verdadero cuello de botella de la inteligencia artificial no es técnico, sino organizacional. En un contexto donde el 95 % de los pilotos de IA no generan ROI, la pregunta ya no es qué herramienta usar, sino cómo transformar la empresa para que funcione con IA.

"El problema no es la tecnología. La mayoría de los proyectos falla porque faltan elementos clave en cómo se implementan", planteó Carter, desarmando uno de los grandes mitos del momento. Su enfoque identifica siete factores que separan los experimentos de los sistemas que realmente escalan. El primero -y más crítico- es el liderazgo. No alcanza con aprobar proyectos: los CEOs deben usar activamente la IA. Según sus datos, cuando lo hacen, las probabilidades de éxito se multiplican por 5.

"Para cambiar los resultados, tenés que cambiar las preguntas", afirmó. Y ahí aparece un cambio de mindset: no se trata de optimizar procesos existentes, sino de rediseñarlos desde cero con IA en el centro.

Agentes, no prompts

Uno de los giros más relevantes es el paso de herramientas a agentes autónomos. Carter lo resume así: "Ya no se trata de prompting, sino de sistemas que toman decisiones y ejecutan tareas". Y lanzó una afirmación controversial: "En 18 meses LinkedIn no va a numerar tus skills sino tu lista de agentes".

Estos agentes -internos y externos- empiezan a redefinir la estructura organizacional: desde asistentes que analizan campañas hasta "shadow boards" de expertos simulados que asesoran decisiones. En ese esquema, los equipos humanos pasan a gestionar tanto personas como inteligencias artificiales.

Matar el piloto

Otro punto importante: abandonar la lógica experimental. "El 95 % de los pilotos falla. Solo el 20 % logra pasar a producción", advirtió. ¿Qué hacen distinto los que sí escalan? Tres cosas: foco en el negocio, calidad de data y gestión del cambio.

En especial, Carter insiste en enamorarse del problema antes que de la tecnología. "Me enamoré del problema, no del código", citó de un caso real, donde un médico sin conocimientos técnicos logró desarrollar una solución competitiva en un hackathon.

El nuevo gap: confianza y skills

La brecha no es solo tecnológica, sino cultural. Mientras el 65 % de los ejecutivos confía en la IA, solo el 17 % de los empleados lo hace, en gran parte porque conocen las limitaciones reales de los sistemas.

A eso se suma el déficit de habilidades: más de la mitad de los trabajadores abandonó herramientas de IA por no saber usarlas correctamente.

Lejos del discurso de reemplazo, Carter plantea un modelo de augmentación. Solo el 15 % del conocimiento global está digitalizado; el resto sigue siendo humano: intuición, contexto, experiencia.

"El próximo gran diferencial no es la IA sola, sino humanos + IA trabajando juntos", sintetizó. Los datos acompañan: esta combinación puede generar hasta un 38 % más de ROI y mejoras de productividad de hasta el 85 %. Incluso, en un mercado saturado de automatización, crece la demanda de perfiles con expertise real y capacidad narrativa.

Durante el cierre de su charla, Carter enfatizó que las empresas que lideren no serán las que adopten más herramientas, sino las que rediseñen sus procesos, equipos y cultura alrededor de la IA. "No empieces por la tecnología. Empezá por las personas, después los procesos, y recién ahí la plataforma".

10 tecnologías que según MIT pueden redefinir el futuro

El MIT Technology Review cada año identifica las 10 tecnologías emergentes con mayor potencial disruptivo. Todo parte de una pregunta simple, ¿estamos realmente preparados para el futuro que viene?

Algunos de estos avances prometen resolver grandes problemas -como la generación de energía más sostenible o la cura de enfermedades congénitas- y otras abren debates éticos complejos, como la posibilidad de diseñar un hijo en camino.

En esta nota compartimos las 10 elegidas este año:

1. Baterías de sodio. Las baterías de sodio-ion aparecen como una alternativa al litio. El sodio es mucho más abundante y barato, lo que podría abaratar el almacenamiento energético y hacerlo más seguro. China ya lidera el desarrollo con empresas como HiNa Battery.

2. Coding generativo. La programación asistida por IA ya es parte del día a día de los desarrolladores. Más del 65% de los desarrolladores utiliza herramientas de generación de código y se estima que cerca del 40% del código en GitHub ya se produce con asistencia de IA. El modelo pasa de "programar" a co-crear software con máquinas.

3. Nueva generación de energía nuclear. Los SMRs (Small Modular Reactors) prometen reactores nucleares más pequeños, seguros y eficientes. La nueva generación de energía nuclear podría convertirse en una fuente estable de electricidad limpia para un mundo cada vez más electrificado.

4. Compañeros de IA. Los AI companions están creciendo rápido: chatbots que funcionan como amigos, terapeutas o incluso parejas virtuales. En EE.UU., se estima que más del 70% de los adolescentes ya experimentó con este tipo de herramientas, abriendo preguntas sobre vínculos, salud mental y regulación.

5. Base-edited babies. Las nuevas técnicas de edición genética permiten corregir genes con precisión antes del nacimiento. La promesa es eliminar enfermedades hereditarias, aunque el debate ético sobre modificar embriones humanos sigue siendo enorme.

6. Gene resurrection. La ingeniería genética podría permitir revivir especies extintas. Empresas como Colossal trabajan en proyectos para recrear animales desaparecidos y restaurar ecosistemas perdidos. El concepto de "de-extinction" ya dejó de ser ciencia ficción.

7. Interpretabilidad mecanística de la IA. Uno de los grandes desafíos actuales es entender cómo funcionan los modelos de inteligencia artificial. La llamada mechanistic interpretability busca abrir la "caja negra" de la IA para comprender cómo toman decisiones y hacerlas más seguras y transparentes.

8. Estaciones espaciales comerciales. Con la Estación Espacial Internacional acercándose a su retiro, empresas privadas como Vast están desarrollando estaciones espaciales comerciales. La economía orbital podría convertirse en uno de los nuevos territorios de inversión tecnológica.

9. Embryo screening. El análisis genético de embriones permitiría seleccionar características como salud, riesgo de enfermedades o incluso rasgos físicos. El procedimiento puede costar entre 25.000 y 50.000 dólares y es una de las tecnologías más polémicas del listado.

10. Data centers hiperescalados para IA. La expansión de la inteligencia artificial está generando una carrera por construir centros de datos gigantes. Se estima que la infraestructura necesaria para sostener la IA podría implicar hasta 8 trillones de dólares de inversión hacia 2030, con un enorme impacto energético.

Jennifer Wallace
Sobre la necesidad humana de sentir que importamos

Jennifer Wallace es una escritora y periodista estadounidense reconocida por analizar un fenómeno muy contemporáneo: la cultura del logro extremo y sus efectos emocionales, especialmente en niños, adolescentes y adultos jóvenes.

En la sesión del lunes al mediodía en el escenario de SXSW, Wallace centró su charla en una idea clave: la necesidad humana de sentir que importamos (mattering). Según explicó, el bienestar personal y social depende de dos factores complementarios: sentirse valorado por otros y sentir que uno aporta algo al mundo. Cuando esas dos dimensiones están presentes, se satisface una necesidad humana fundamental de significado y pertenencia.

El problema es que la cultura actual suele medir el valor de las personas a través del rendimiento, los logros y la productividad. Desde chicos aprendemos a demostrar quiénes somos a partir de lo que hacemos, lo que tenemos o lo que otros piensan de nosotros. Cuando ese reconocimiento externo no llega, aparecen sentimientos de inutilidad, frustración o desconexión. Wallace mencionó que cerca del 70% de los empleados se sienten desmotivados en su trabajo, en gran parte porque no perciben que lo que hacen tenga verdadero impacto.

Según su investigación, vivimos inmersos en una cultura de logros que mide el valor personal en función de resultados, métricas y comparaciones, dejando poco espacio para el error, el proceso o el sentido. Wallace entonces resumió los "ingredientes" del mattering en la sigla SAID: sentirse significativo, sentirse apreciado, sentirse apoyado (invested in) y sentir que dependen de uno (depended on).

Vamos en piloto automático, tapados de obligaciones, y no vemos los pequeños gestos de aprecio de quienes nos rodean. Sentir que alguien está de nuestro lado, cambia por completo nuestra manera de encarar las cosas. Nos acostumbramos a tercerizar todo por miedo a molestar a nuestros amigos, vecinos o familia, pidiéndoles que nos hagan pequeños favores. Preferimos pagarle a alguien a pedir a un vecino que alimente a nuestra mascota cuando estamos afuera. Nos volvimos tan intolerantes a la fricción que lo que perdemos, en realidad, es la oportunidad de construir lazos. Necesitamos construir relaciones sanas. No podemos desarrollarnos estando aislados.

Wallace investiga cómo la presión constante por rendir, destacarse y "no quedarse atrás" está generando ansiedad, estrés y una sensación de insuficiencia permanente. No estamos criando (ni trabajando) para el aprendizaje o el bienestar, sino para la validación externa.

Frente a esa lógica, Wallace propone recuperar el mattering a través de relaciones más auténticas y cercanas. La conexión real surge cuando las personas pueden mostrarse tal como son -lo que llamó el "Beautiful Mess effect"- y cuando se construyen pequeños momentos cotidianos en los que alguien se siente visto, escuchado, apreciado o necesario.

Para Wallace, reconstruir culturas -familiares, educativas y laborales- donde las personas sientan que realmente importan es una de las claves para enfrentar la creciente sensación de soledad y desconexión de nuestro tiempo.

Anuncian en la edición #165