medios
elDiarioAR,
En busca del Santo Grial de la independencia
Por Pablo Corso
Foto Retrato de Martín Sivak ©Alejandra López
Con perfil bajo y valores bien definidos, el “hermano mayor”
del sitio nacido en España hace nueve años aflora bajo un
modelo de transparencia que apuesta a la sustentabilidad
por suscripciones. La trayectoria impecable de Martín Sivak
es el primer argumento para lograrlo. El segundo, un staff de
talento y capacidad probadas. El tercero, y no por eso menos
importante, la certeza de que otro periodismo es posible
Cada vez que nace un medio en la Argentina, viene con la promesa de algo
grandioso, inédito y disruptivo. Vamos a saber lo que nadie cuenta y nos lo van
a contar como nadie. Vamos a acceder a las tramas ocultas y a las motivaciones
secretas. La verdad, finalmente, nos será revelada.
Martín Sivak desconfía de la refundación permanente. “Nuestro estilo es mucho
más sobrio”, dice sobre elDiarioAR, periódico digital que dirige desde el 10 de
diciembre. El foco está claro: “Ofrecer noticias, información y análisis sin tanta
estridencia ni sobrevender lo que damos, que básicamente son los mejores textos
posibles para contar y entender lo que pasa en la Argentina y el mundo”. El fondo
es más difuso: cierto inconformismo con el estado de cosas en el oficio, que Sivak
–crítico de la situación pero refractario a la polémica– elige callar. No quiere
radiografiar ni fiscalizar en público al periodismo ni a los periodistas.
“Sobrio” es, por cierto, la palabra que define estos primeros meses del sitio. Títulos
informativos y concisos. Textos legibles, con contextos pertinentes y estructuras
sólidas. Diseño sin pretensiones, para quedarse en la página, pero no a cualquier
costo. La persecución de un balance entre actualidad y contexto, información
y opinión. Lejos de la media y de la mediocridad, la búsqueda es recostarse en
una constelación de valores que se diluyen entre la crisis de la industria y la
redefinición del oficio: rigor, independencia, humildad. Sin altisonancias ni el
mero registro de declaraciones cruzadas, la propuesta es priorizar lo relevante
por sobre lo impactante. Todo fortalecido por las alianzas con The Guardian, con
el que tienen un acuerdo de re-publicación de notas, y los “hermanos mayores”
de elDiario.es.
Fundado por Ignacio Escolar en 2012, en el contexto de “una oferta informativa
monocorde y asfixiante”, el sitio español quiere “reconectar con la sociedad,
volver a ser parte de ella y no parte del poder al que debe vigilar”. La prioridad
está en los temas de igualdad, salud, educación y crisis climática. La novedad,
en el modelo económico: el 70% de la propiedad está en manos de personas
que trabajan en la redacción. Con 56 mil suscriptores y más de 10 millones de
lectores mensuales, las ganancias se invierten en contrataciones y mejora de las
condiciones laborales de la Redacción.
El contacto inicial con Escolar estuvo a cargo de Guillermo Cullel, periodista
argentino que lanzó la web de Clarín, condujo los negocios digitales del grupo y
dirigió las divisiones de medios de El Mercurio (Chile) y El Comercio (Perú). “Me
convenció muy rápido”, reconoció Escolar el 31 de octubre. Cullel sería el director
general de la versión local y elDiario.es aportaría la plataforma tecnológica, el
mayor costo de funcionamiento para un medio digital después de los sueldos.
Aunque el sitio español era el principal accionista, la versión argentina gozaría de
total libertad y autonomía en los contenidos. “En ningún caso hubo ni siquiera
una sugerencia. Pero todas las sugerencias son bienvenidas”, aclara Sivak, que
a mediados de año había aceptado sumarse como director periodístico, tomar
licencia en uno de sus dos cargos docentes y posponer la escritura de un libro y
un documental.
El éxito dependerá de que “logremos convencer a más personas de que un
periódico así es necesario en sus vidas”, adelantó Escolar. El staff se armó con
esas ideas en mente. Hay un editor general (Marcelo Franco), una directora de
estrategia (Silvina Heguy), un editor jefe de Política y Economía (Walter Curia),
una editora jefa de Actualidad (Nadia Burgues), 16 redactores (con firmas como
Andrés Fidanza, Diego Genoud, Emilia Delfino, Victoria De Masi, Natalí Schejtman)
y un elenco de colaboradores creciente y diverso.
El encuentro fundacional –y virtual– fue a fines de octubre. Cuando empezó a
relajarse el aislamiento, las reuniones iniciales con el equipo se hicieron en bares
y cafés, aunque la modalidad de trabajo siguió siendo básicamente remota. Con
protocolos y distancia social, hay presencia rotativa en la redacción de Palermo:
algunos días va el equipo de Política, otros el de Economía, otros el de Sociedad
y Cultura. Los editores son los que más tiempo pasan in situ. Sivak, de hecho,
atiende el teléfono desde ahí.
Aprender sobre la marcha
“Nacemos en vivo, innovamos en tiempo real”, es uno de los eslóganes. ¿Cómo
funciona eso? “La invitación a los miembros fundadores es inventar un diario,
que vamos construyendo y corrigiendo todos los días”, explica el director. “Por
eso decimos que es un diario en obra. Hay diarios que pasan meses y meses antes
de salir. Nosotros tuvimos menos de un mes con todo el equipo. Salimos y lo
estamos inventando con aciertos, errores y cambios”.
El medio que había nacido con la promesa de una agenda plural y la intención
de evadir escándalos no pudo evitar uno fugaz el 21 de febrero, después de que
el columnista Esteban Schmidt escribiera que Carla Vizzotti estaba “desvirgada”
al asumir como ministra de Salud. Las condenas tuiteras contra el sitio y sus
responsables fueron instantáneas. Con la viralización consumada, Sivak intentó
convencer al autor de que reemplazara el término. Cuando se negó, decidió
levantar la columna. En su pedido de disculpas al equipo y a los lectores, planteó
que “el error habla de mis dificultades, ignorancias y otras cosas, pero no de los
valores que el diario defiende”. Más tarde se sumó Heguy: “Nuestro límite es
claro: no publicamos agravios y menos reproducimos formas de violencias, en
especial contra las mujeres”.
El asunto, sin embargo, no estaba saldado. Aunque el diario había evitado la práctica
generalizada de simular que nada había pasado, el editor de Política, Sebastián
Lacunza, planteaba que solo es válido borrar un texto cuando la información pone
en peligro o afecta la privacidad de alguien. No era el caso de un agravio contra
una personalidad pública. “Uno de los riesgos de dejar publicada la columna de
Schmidt era que un texto que todos consideramos chocante se convirtiera en la
nota más leída”, reconocía. Pero correspondía correrlo, aclarando que se trataba
de una columna que la dirección reevaluó como inaceptable. “El destino de este
diario estará atado a su grado de compromiso con buenas prácticas periodísticas”,
advertía.
El debate que explicitaron los editores sugiere una comunicación intensa puertas
adentro. “Hay mucha conversación sobre la identidad del medio, lo que hacemos
y lo que no”, confirma Sivak. “No es un esquema totalmente horizontal, pero
nos importa mucho qué dicen y qué piensan cada uno de los que están en la
redacción, los colaboradores y los columnistas. Ellos están haciendo elDiarioAR,
en el doble sentido de redactar y titular, pero también pensándolo”.
La implicación va un paso más allá. Como en la versión española, “elDiarioAR
es editado por una sociedad argentina formada por periodistas”, dice el sitio.
Por ahora, la negociación se lleva puertas adentro. “Es un tema que se está
conversando”, explica Sivak. “Cuando esté totalmente consolidado, lo vamos a
hacer público”. Los suscriptores son una parte crucial del modelo. Por 3.900 pesos
por año o 390 por mes, se puede navegar sin anuncios, comentar en un sitio
destacado, participar de encuentros con el staff y recibir una revista trimestral con
entrevistas, reportajes y opinión. El primer número estaba en etapa brainstorming
al cierre de esta edición.
El adelanto había sido sugerente. A fines del año pasado, elDiario.es dedicó a
la Argentina su trigésima revista, bajo el titular “Un país inexplicable”. Martín
Caparrós hablaba, justamente, del país que no fue. Cristian Alarcón, de la grieta
y la amistad. Había perfiles de Diego Maradona, del papa Francisco y de Cristina
Fernández. La idea era explicar a “una nación que se relee a sí misma cada día y
el final siempre es diferente, trágico, a menudo indescifrable”. Con el foco claro
y el fondo difuso, elDiarioAR se sabe independiente, riguroso e imperfecto. El
horizonte sigue estando en el texto y el contexto de un país que todos ansiamos
descifrar.
Perfil
Martín Sivak nació en Buenos Aires en 1975. En la escuela primaria ya leía diarios
y revistas: Clarín, El Gráfico y más tarde Página/12, según la minio bio publicada
en Anfibia. “Esas lecturas diarias despertaron su vocación por el periodismo
aunque, admite, también le hubiera gustado ser futbolista profesional”. Hincha de
Independiente, “apenas llegó a la novena de Platense donde fue un intrascendente
volante por la derecha suplente”.
Lo que no consiguió en las canchas lo lograría con libros y teclados. Después
de una crianza entre Vicente López y Palermo, y la secundaria en un colegio en
inglés, se recibió de sociólogo en la Universidad de Buenos Aires y de doctor en
Historia de América Latina en la Universidad de Nueva York. Empezó a trabajar
como periodista a los 18 años. Una serie de becas lo llevaron a vivir seis años en
el exterior. Además de La Gran Manzana, Londres y La Paz.
La corresponsalía para el diario boliviano Hoy despertó su interés por un país sobre
el que escribió cuatro libros: El asesinato de Juan José Torres (1997), sobre el crimen
del expresidente en el marco de la Operación Cóndor; El dictador elegido (2001),
biografía no autorizada de su sucesor, Hugo Banzer Suárez; Santa Cruz: una tesis
(2007), a propósito de los conflictos sociales, culturales y políticos del Estado
andino; Jefazo (2008), un retrato íntimo de Evo Morales, con quien construyó una
relación de gran cercanía.
Sivak acumula una experiencia de más de dos décadas en diarios y revistas de la
Argentina y América Latina, más participaciones diversas en ciclos de radio y TV.
Fue gerente editorial del Grupo Planeta y tiene cargos docentes en la Universidad
Torcuato Di Tella y en la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de
la UNSAM.
Además del póker boliviano, publicó El doctor (2005), una biografía de Mariano
Grondona, y los dos tomos de Clarín, el gran diario argentino (2013 y 2015). Su
último libro es el primero sobre una persona no pública. El salto de papá (2017)
combina investigación rigurosa con una sucesión de recuerdos emotivos –
pero nunca desatados– sobre el suicidio del hombre que intentó una alquimia
contraintuitiva: Jorge Sivak, su padre, fue un banquero comunista.
Aquella mini bio dice que, antes de dormir, Martín Sivak piensa en lugares comunes.
Quizá sea para variar.
Cinco hits iniciales
En sus primeros meses de vida, elDiarioAR logró impactar con adelantos exclusivos,
informes en profundidad y perspectivas alumbradoras.
• Primicia en el Gabinete. El 5 de marzo, once días antes de la confirmación de
Alberto Fernández, el sitio adelantó el reemplazo de Marcela Losardo por Martín
Soria en el Ministerio de Justicia. “La propia ministra le había pedido al Presidente
dejar ese cargo”, recordó el periodista Pablo Ibáñez. Fernández sugirió a su socia
en el estudio de abogados que se quedara, pero la posición dialoguista de Losardo
asomaba incompatible con las críticas del Presidente –y sobre todo la vice– a un
Poder Judicial que consideran rebelde y privilegiado.
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• Una ciudad machista. Para su primer Día Internacional de la Mujer, elDiarioAR
publicó un texto que certifica las huellas del patriarcado en la ciudad de Buenos
Aires. Julieta Roffo explica cómo se silenciaron los nombres de Alicia Cazzaniga,
autora del proyecto arquitectónico de la Biblioteca Nacional, e Ítala Fulvia Villa,
la arquitecta que pensó y diseñó el Panteón Subterráneo del Cementerio de la
Chacarita. Apenas el 5% de las calles porteñas tiene nombre de mujer; bajo las
autopistas reina la oscuridad; el transporte público no contempla a los cochecitos
de bebé. El machismo se ve hasta en la señalética, donde sólo los hombres parecen
estar trabajando.
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• La Copa Libertarios. ¿Pueden las huestes de Javier Milei y José Luis Espert
instalarse como una tercera vía de la política nacional? Eso intenta responder
Andrés Fidanza en su informe sobre la gira low cost de la dupla por el interior. La
búsqueda por “exceder el núcleo de votantes que se asume de derecha, en una
alianza interclase con los sectores rabiosos de la sociedad” navega en un arca
que también mira con simpatía a personajes como la evangélica Cynthia Hotton,
la irritable Viviana Canosa y el quijotesco Carlos Maslatón. Con las PASO en el
horizonte, Ricardo López Murphy es la nueva incorporación para esta suerte de
Avengers desalineados.
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• La escritora incorrecta. Victoria De Masi “descubrió” ante sus lectores a Ariana
Harwicz, escritora argentina radicada en Francia y obsesionada por la corrección
política que parece regir nuestras vidas. Degenerado, su última novela, cuenta
la historia de un pedófilo. La obra genera pánico en las editoriales, que exigen
–como si no se los pudiera imaginar– que estos retratos sean verdaderos para
poder publicarse. Entre la defensa de las causas feministas y el diagnóstico de una
generación de varones desorientados, Harwicz se desespera: “Es absolutamente
deprimente esta era (...) Como un campo minado: cualquiera puede ser cancelado”.
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• La trampa del entorno. La columna de Andrés Burgo a propósito de la marcha
para pedir justicia por la muerte de Diego Maradona trajo verdades incómodas
pero valientes. El corto documental que publicó Infobae con audios inéditos de su
fatídico entorno “se parece mucho a una guerra entre estudios jurídicos”. La idea de
que “lo mataron” quizás alivie a algunos, pero suena inexacta. El pueblo lo amaba,
pero Diego era ingobernable. “Si ser Maradona era imposible –magníficamente
bien lo hizo–, estar con él seguramente también lo era”, reconoce el autor de
tres libros sobre el astro. Una mirada que, lejos de la antipatía, humaniza al ídolo
que deja una ausencia insoportable.
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