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2020: quiero que te vayas
por el mundo


2020: quiero que te vayas<br/>por el mundo

Por Lalo Zanoni
Periodista especializado en comunicación digital y nuevos negocios


Fue el año viral. No solo por su significado biológico a raíz de la pandemia del coronavirus y sus millones de contagios en casi todo el mundo, sino también por el otro uso de la palabra viral: un contenido digital que se propaga indefinidamente y a gran velocidad a través de los mensajeros instantáneos, las plataformas tecnológicas y las redes sociales. El español Jorge Carrión lo sintetizó muy bien en su libro “Lo viral” (Riverside), donde con una mezcla de ensayo y diario íntimo, mezcla las dos viralidades que protagonizaron la pandemia. Para Carrión, es el mito que da inicio al siglo XXI.
Esta epidemia es la primera que ocurre bajo el poderoso y enorme paraguas de la tecnología digital. Me refiero a la proliferación de dispositivos móviles de conexión (smartphones, tablets, televisores inteligentes, etc.) y a la influencia en nuestro día a día de empresas como Google, Apple, Facebook, Amazon y le sumaría otras como Microsoft, Samsung, varios de los colosos chinos y hasta Mercado Libre, que en 2020 tuvo un enorme crecimiento.
¡Menos mal que tenemos internet! No es exagerado decir que en varios países se pudieron llevar adelante distintos tipos de cuarentenas o confinamientos porque tuvieron una conexión a internet en las casas. La red, contra muchos pronósticos pesimistas de dudosos gurúes, que dijeron que colapsaría, no solo resistió el incremento exponencial de la demanda sino que fue clave para sobrevivir, casi tanto como la luz y el agua. Lo que si se agranda –cada vez más– es la brecha digital, que es la distancia entre los que acceden al mundo online (que hoy es el mundo) y a los dispositivos y los que no acceden. Pero, como casi siempre, los pesimistas también le pifiaron esta vez. El colapso de internet no ocurrió y es muy difícil que pase. La nube, fundamental en la pandemia, goza de una inmejorable salud. Como dijo el astrofísico y divulgador Carl Sagan, “vivimos en una sociedad absolutamente dependiente de la ciencia y la tecnología, y, sin embargo, nos las hemos arreglado para que casi nadie entienda de ciencia y de tecnología. Y esa es una receta clara para el desastre”.
Veamos entonces, de forma muy azarosa e incompleta, algunos hitos tecno-digitales y en consecuencia culturales que nos deja este año inolvidable.

Transformación digital. Tal vez, si en algo el mundo no volverá a ser el que fue hasta diciembre de 2019, es en el tema del trabajo remoto o a distancia. Esto modifica de manera abismal el ecosistema laboral sobre todo para determinadas industrias (agencias, educación, medios, e-commerce, contenidos, conocimiento, entretenimiento, sector público, etc.). Lo cierto es que la tan nombrada “transformación digital” ya se venía produciendo año a año con más velocidad, pero este año, por el encierro, pegó un salto para avanzar tal vez lo que hubiera crecido en una década entera. O más.
De todo lo –mucho– que se dijo y se escribió sobre el tema, me parece muy interesante el costado legal y regulatorio de la cuestión. Es decir, cómo se acomodará la legislación a los enormes cambios que en ocho meses se produjeron y que tendrán consecuencias que todavía no podemos ni siquiera imaginar. Por ejemplo, si el teletrabajo nos permite trabajar desde cualquier lugar, ciudad, provincia o país donde haya una conexión a internet, es válido preguntarse cómo repercutirá esto en los impuestos que uno paga por trabajar o vivir en determinado lugar, cómo afectará a los países que recaudan estos dineros. O cuáles serán las sedes físicas de las oficinas centrales de las grandes empresas, qué pasará con el sector de real estate dedicado a las oficinas y cómo cambiará el transporte urbano que usábamos antes para movilizarnos de casa al trabajo. Hay que prestar mucha atención a todas estas cuestiones porque sin dudas ya modifican nuestra vida diaria. Lo concreto es que la famosa frase de Juan Perón “De casa al trabajo y del trabajo a casa” casi que tiene sus días contados.

Cultura Netflix. Ya existe una cultura Netflix, sin dudas. La plataforma supo ver y aprovechar antes que ninguna otra el hábito (hoy ya costumbre) de los usuarios para ver series y películas on demand. Es decir, cuando, cuanto y donde queremos. Los famosos maratones de capítulos. Por eso hoy la plataforma es líder y genera cambios sociales y culturales en todo el planeta. Por ejemplo, con la muy buena serie Gambito de dama. Se estrenó en la plataforma el 23 de octubre y a principios de diciembre ya había sido vista por más de 60 millones de usuarios en el mundo. Eso disparó las ventas de los sets de ajedrez en Amazon y en eBay, que aumentaron un 250% respecto a los meses anteriores a octubre. En Google rankea “cómo jugar al ajedrez” en el top de lo más buscado y la novela original, 37 años después de publicada, escaló a los libros más vendidos del ranking del New York Times. Se cree que los jugadores de ajedrez en el mundo se multiplicaron por cinco después de ver la serie. Jaque.
Este año la guerra de plataformas de streaming ya está declarada, con los principales jugadores ya en el campo de batalla. El desembarco de Disney+, Amazon Prime Video, Apple+, acá Flow, HBO, Hulu… Más que nunca, veremos.

Estás muteado. Zoom fue el símbolo de la pandemia porque creció con la misma velocidad con la que nos encerramos. En marzo, en apenas un día, fue descargada 343.000 veces en todo el mundo, y acumuló cinco veces más usuarios que el mes anterior. En poco tiempo las acciones de la empresa china (¿sabían que es China?) subieron un 77% desde que salió a bolsa en abril de 2019.
¿Por qué usamos Zoom habiendo tantas otras herramientas similares y hasta mejores? Las razones son dos: la usa todo el mundo y es simple. Listo, suficiente. Una de las claves para que algo sea viral es que tiene que ser simple y rápida, no presentar fricciones. Zoom lo es. Y hoy ya existe zoomear, zoompleaños, zoompamento, etc. Y salió en la tapa de Wired.
Cuando el próximo 31 a las doce de la noche el fundador y CEO Eric Yuan levante su copa para brindar, mirará al cielo y se pellizcará para saber si 2020 fue cierto o un sueño.

Hola QR. Otra de las tendencias que este año pandémico tuvo su sprint fue la de los pagos digitales con billeteras virtuales. Los billetes se van para no volver y los reemplazan con el QR. Así lo dijo en una entrevista a Time, Marcos Galperín, fundador de Mercado Libre y Mercado Pago. “En parte porque los pagos mediante QR y los pagos digitales son una mejor experiencia. Pero además debido a que usan efectivo para todo, el 50% de los latinoamericanos no tiene historial de sus transacciones financieras y por lo tanto no tiene acceso al crédito”, explicó. Hasta los vendedores ambulantes ya ofrecen cobrar con Mercado Pago.
Los números, hasta ahora, parecen darle la razón. Según Kantar, en nuestro país, el 62% de las personas aumentó el uso de pagos digitales en la pandemia y un 40% experimentó nuevos métodos de pago. La Cámara Argentina de Fintech –que agrupa a casi 200 compañías del sector– dice que, en los últimos dos años, más de 10 millones de argentinos adoptaron algún tipo de servicios fintech, desde pagos, préstamos e inversiones a criptomonedas o servicios B2B.

Contra Google y Facebook. Ambas empresas tuvieron un año muy bueno en lo financiero porque sus acciones subieron y ganaron mucho dinero respecto a 2019 gracias al aumento de la publicidad digital, su principal ingreso de cash. Pero las dos gigantes tecnológicas enfrentan cada vez más trabas y desafíos. Los gobiernos, sobre todo los europeos, las acorralan por considerarlas monopólicas y por temas regulatorios, especialmente impositivos.
En el viejo continente planean aprobar nuevas leyes que prohíban a estas dos empresas usar el poder de sus plataformas y sus miles de millones de usuarios para favorecer sus propios productos. Por ejemplo, favoreciendo los resultados de sus búsquedas y que su motor de búsqueda sea el que venga instalado por defecto en los móviles Android (Google) o ahogando a posibles competidores comprando toda nueva startup emergente que podría hacerle sombra en el futuro. Facebook es el amo y señor de las redes sociales. Compró WhatsApp e Instagram, entre otras, y pulverizó a Snapchat.

TikTok. Y hablando de redes sociales, la aplicación TikTok fue elegida como la mejor del año. Usada por millones de adolescentes pero también por muchos adultos, celebrities, deportistas, activistas, políticos e influencers, la app china (¡otra vez China!) tuvo su año de gloria. Fue la aplicación más bajada de 2020: 130 millones de descargas. Superó a Facebook.
Por eso también la red social de videos cortos fue cuestionada por Donald Trump por considerarla un señuelo chino de espionaje para compartir los datos de millones de estadounidenses con el gobierno chino. Entonces estuvo a punto de ser prohibida en Estados Unidos. Por ahora no pasó.
Mientras tanto, miles de influencers conocen la fama gracias a la app. La tiktoker Charli D’Amelio fue elegida Person of the Year en Social Media por la revista Forbes. Tiene 18 años y es de Connecticut. En apenas dieciséis meses pasó a ser la persona con más seguidores en la app (104 millones) y firma contratos con grandes marcas como influencer.

Mundo Meme. Este año fue también el de los memes. Ya existían pero estaban acotados a un segmento de público más joven y con un código cerrado, propio de redes sociales como Twitter. Pero con la masificación de WhatsApp y los stickers, se popularizan nuevos y llegan a más personas cada semana.
Sábado 7 de marzo. No habían pasado dos horas del histórico partido en el que Boca se consagró campeón local. A Gastón Sandler, un hincha xeneize de 44 años, se le ocurrió una idea mientras volvía de La Bombonera en el auto con sus amigos. Lo publicó en su cuenta de Twitter y de inmediato empezó a recibir más likes y retuits que los habituales. Sin saberlo, Gastón había creado un meme.

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Con más de 40 mil likes, la “poesía” se convirtió en meme porque atravesó las fronteras de Twitter, empezó a ser replicada por miles de usuarios a través de otras redes como Instagram, Facebook y mensajeros como WhatsApp. También salió en medios tradicionales (La Nación Online: “Viral. La ‘poesía’ de Boca campeón que es furor en las redes sociales”) y hasta fue parte de otros memes, como los del presidente Alberto Fernández explicando los gráficos del coronavirus en una conferencia de prensa, un mes después del tuit original. Esto es típico de los memes: se van reformulando, mutando, etc. Como el de Samid y Mauro Viale.
El texto bostero fue a parar a lugares inimaginados por su autor, como a barbijos que se vendieron durante la pandemia. “Varios meses después, hay gente que me escribe para felicitarme. Nunca se me cruzó por la cabeza que ese tuit podría convertirse en meme y lo que podía causar. Los hinchas de River se pusieron como locos. Nunca fue la intención ni mi objetivo hacer un meme. Pero me produjo una enorme satisfacción haber aportado algo, aunque sea mínimo, que sirva para seguir festejando aquella noche inolvidable”, dice Sandler para esta nota. “Además lo que pasó desmiente el mito de que las mejores poesías son escritas en estado de depresión o angustia”, bromea.
Son los nuevos grafitis, una nueva manera de expresión. De opinar, de bajar línea con creatividad, onda, gracia. Los memes llegaron para quedarse, parece. Allá afuera, en el mundo off line, hay batallones de usuarios atentos a todo lo que ocurre en la TV o en las noticias de último momento listos para fabricar un meme y lanzarlo a la hoguera de las viralidades.

Hay mucho más pero me quedo sin espacio, sin tiempo y sin ganas. Termina este año inolvidable, único, irrepetible, agotador. Que ojalá no vuelva. Pero cuya onda expansiva nos deja muchas cosas interesantes de cara al futuro. Por cierto, el único lugar posible. Porque, como dijo Woody Allen, “me interesa el futuro porque es el lugar donde voy a pasar el resto de mi vida”. Feliz 2021.

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